Ya este domingo sabremos quién es el nuevo presidente de la nación. Como escribí antes, yo votaré en blanco. Me aterra la continuidad de las políticas del llamado “progresismo”, que representa Iván Cepeda, y me aterra el retroceso peligrosísimo en la civilidad y los derechos humanos, que representaría un gobierno de De la Espriella.
Pero podré votar. Nada me va a pasar, sin importar cómo vote. Sé que no se puede afirmar que esto será así en el 100% del territorio nacional, pero en una proporción enorme, todos y todas podremos votar libremente. En Venezuela no se puede. En Nicaragua no se puede. En Cuba no se puede. En Rusia y en China no se puede. En varios países más, no se puede.
En Colombia, sí. Y no solo eso, dos horas después de cerradas las urnas, ya sabremos el resultado, lo que muy pocos países pueden garantizar. A muchos les toma días, cuando no semanas, revelar los resultados oficiales de las elecciones. Aquí, en dos horas, y como conclusión, además, de un proceso correcto, probo, claro, vigilado por centenares de observadores internacionales y por miles de observadores de los propios partidos políticos.
Sí, podremos votar. Ese derecho nos lo hemos ganado con sangre. Construir las instituciones que tenemos nos ha constado sangre, y es un hecho que funcionan y preservan el orden constitucional y el Estado de derecho. En eso Colombia es un país serio, así haya tanto desgobierno y tanta ausencia del Estado en muchas regiones del país. Y así haya tanto gobernante mendaz y tanta corrupción. Por lo menos esto de las elecciones, sí lo hacemos bien.
Por otra parte, a pesar de la plaga de las redes sociales, Colombia tiene una prensa que en muchos casos es rigurosa, honesta, y no pocas veces, valiente hasta el punto de arriesgar la vida. Hay, en verdad, muchos y muchas periodistas y no pocos medios de información, que son una garantía para el control político y ciudadano. Ya es muy difícil, como ocurría en el pasado, que un político tramposo pueda subvertir el orden legal y constitucional. Un Álvaro Uribe, por ejemplo, no podría ya hacer las trampas que hizo, como hacerse reelegir, valiéndose de un soborno, cuando la reelección era abiertamente inconstitucional.
Entonces, en cuatro días, allá iremos, a las urnas, a votar. Yo pienso que ambos candidatos son muy malos, como prospectos de presidentes de la República. Ambos. Cualquiera que salga elegido, va a ser muy malo, y puede causar mucho daño a la nación y a valores como la igualdad, la justicia y el bienestar colectivo, que deben proteger a la sociedad en su conjunto.
Tengo claro que los buenos candidatos, y entre ellos el mejor, Sergio Fajardo, no son una opción porque la actividad de los políticos se ha envilecido, se ha vuelto falaz, se ha pervertido. No puedo concluir otra cosa: si quienes sí serían buenos gobernantes no pueden ser elegidos, es porque el mensaje de los políticos triunfadores tiene mucho éxito engañando a la gente.