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¿En qué mundo la congresista de la Florida, María Elvira Salazar, puede salvaguardar el proceso electoral colombiano? ¿O Marco Rubio, el secretario de Estado de ese país? ¿Qué se creen estas dos figuras de la política estadounidense, epítomes de la moral y la justicia?
Ambos son unos arribistas de origen cubano, que han pelechado en ese país, y ahora se creen superiores a todos nosotros. ¿Nos van a decir cómo debemos actuar? ¿A quién debemos elegir como presidente? ¿Ellos sí saben lo que necesita Colombia? Allá en el confort de su nuevo país, en sus nuevas vidas de éxito y abundancia, ¿ellos sí saben, mejor que nosotros mismos, de qué debemos precavernos, de qué peligros acuciantes e históricos debemos huir? ¿Ellos nos van a mostrar el camino?
Ellos dos, para que nos hagamos una idea, hacen parte del sistema de gobierno y del aparato estatal cuya “política internacional” ha producido horrores en el tiempo presente -solo hago referencia al tiempo presente, con ciertos gobiernos de los Estrados Unidos se puede regresar décadas y hallar lo mismo, hallar lo que representa, sin lugar a dudas, un patrón de comportamiento-, ha producido horrores, decía, como el financiamiento del Estado de Israel y de su ejército para que cometan un genocidio en toda la regla, en la franja Gaza, o usando su propio ejército, asesinar a decenas de niños y niñas en una escuela en Irán. Y no responderle, de ninguna manera, al mundo. Ellos no dan explicaciones.
Y estos dos tranquilos, dándonos directrices, sin revisar sus propios actos como miembros del sistema político en el que se han insertado. Una, Salazar, como miembro del Congreso y el otro, Rubio, como figura prominente del Gobierno actual de ese país. Llenos de “autoridad moral” porque ahora dejaron atrás su origen caribeño y se volvieron ciudadanos estadounidenses, y creen que son superiores a nosotros.
¿En qué mundo?
¿Y en qué mundo -y esto es todavía más doloroso- parte de las élites colombianas les han concedido ese derecho? ¿Y los buscan y les lambonean para que vengan a “salvarnos de nosotros mismos”? ¿En qué mundo, pregunto yo, los Estados Unidos del presente son los dispensadores mundiales de la justicia y de la corrección ética y de las virtudes humanas?
La pura verdad es que un sector enorme de las élites colombianas de la actualidad cohonestan y hasta elogian los horrores y las miserias que los Estados Unidos del presente prodigan por buena parte del mundo. Esa es la mayor degradación y ese es el mayor envilecimiento, el mayor dolor de todos: que muchos plutócratas y privilegiados que dirigen y moldean este país adolorido nuestro aúpan a personajes como María Elvira Salazar y Marco Rubio, y no se sonrojan ni les da el menor escozor.
Ellos saben que, al final del día, todo redunda en su beneficio. Saben que así perpetúan su situación de privilegio. Su hondo y terrible adormecimiento moral. Su egoísmo a ultranza y sin exageración ninguna, su deshumanización.
