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Oviedo peló el cobre

Gonzalo Mallarino Flórez

18 de marzo de 2026 - 12:05 a. m.
“¿No se da cuenta Juan Daniel Oviedo de que Uribe lo acaba de manipular como a un títere?”: Gonzalo Mallarino Flórez.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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¿Qué pensarán quienes votaron por Oviedo en la consulta? ¿Más de 1 millón de personas que admiraban su posición valiente, incluyente, independiente, insobornable? ¿Cómo puede ser que los traicionara así? ¿Cómo se fue a entregar a Álvaro Uribe, flagrantemente? Al político más agresivo, más sectario y destructivo, no ya de las presentes elecciones, sino de las últimas décadas en la historia de este país.

El nombre de Álvaro Uribe está asociado a cosas tan horribles como el nacimiento y la expansión del paramilitarismo en Colombia; al soborno de congresistas para obtener su reelección presidencial, que era inconstitucional; al asesinato de más de 6.000 muchachos a manos Ejército Nacional, que pretendió hacerlos pasar por guerrilleros. A eso se entregó Oviedo, volviéndole la espalda a sus votantes.

Oviedo tiene que tener muy claro que el Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe, ha satanizado el Acuerdo de Paz de La Habana, gracias al cual se desmovilizaron más de 13.000 combatientes. Ha demonizado la JEP, la Comisión de la Verdad y la Unidad Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, indispensables las tres para establecer la verdad histórica y conseguir justicia y paz algún día. Tiene que tener muy claro todo eso, que traicionó a sus votantes por vincularse a un partido que actúa así.

¿Y por qué lo hizo? Hay dos posibilidades. La primera, por vanidoso, por envanecido, por “subirse al carro de la victoria” e impulsar su carrera personal. Pensará que, si gana, siempre se puede estar allí, en la Vicepresidencia, un rato, y darse un buen baño de popularidad ante los medios y la opinión nacional. Sin importar los principios que decía defender hasta la muerte, eso le parecerá clave para cualquiera que sea su siguiente jugada, su siguiente escalón político.

Y la segunda, por cándido, por inocente. ¿Cómo puede creerse la mentira de Uribe, de que después de un acto de contrición muy hondo y filantrópico, ha decidido volverse buena persona, tolerante, incluyente, respetuoso de la opinión de quienes no piensan como él? ¿No se da cuenta de que Uribe lo acaba de manipular como a un títere? ¿De que lo único que le importaba a Uribe no eran sus ideas o sus supuestos principios éticos, sino sus votos?

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Muy triste. A mí me gustaba mucho Oviedo; me parecía muy bueno, refrescante, un bacán. Lo que era consecuente de su parte era que se comprometiera con lo que representa en la Colombia violenta y degradada de hoy, ser de “centro”. Insistir sin desfallecer en la civilidad, la fraternidad y la justicia colectiva. Justo lo contrario de lo que han hecho Uribe y su partido.

¿Cómo pudo ser que Oviedo se desentendiera de algo tan esencial? Ah, vanidad de vanidades... Resultó un hombre vano, Oviedo. Y lo utilizaron dolorosamente. Seguramente muchos de sus votantes, que no tolerarán su desvarío, se irán con Fajardo, que sí es una persona coherente. Puede ser que después de todo, Uribe no se salga con la suya.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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