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Juan Manuel Galán, pusilánime

Gonzalo Mallarino Flórez

25 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.
¿En qué estaba pensando Juan Manuel Galán cuando le entregó la causa del Nuevo Liberalismo al Centro Democrático?
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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¿En qué estaba pensando Juan Manuel Galán cuando hace unos días le entregó la causa del Nuevo Liberalismo -el ideario de su padre, nada menos, por el cual dio la vida- al Centro Democrático, el partido político más disímil, más contrario, la antípoda misma de lo que representó en este país la lucha política de Luís Carlos Galán?

¿Es que no entendió lo que defendía y representaba su padre? Él tenía 17 años cuando lo asesinaron, tal vez no estaba en capacidad, en medio de ese terrible dolor, de comprender la inmensa estatura moral, ética, política y humana de su padre. Eso es comprensible y explicaría el desatino de sus actos inmediatamente posteriores, como señalar a César Gaviria -que era casi un aparecido, que, ciertamente, no se había forjado en el ideario político y social del Nuevo Liberalismo-, como el “continuador” de la lucha de su padre.

César Gaviria fue, naturalmente, presidente de la república, tal era el torrente vital y político de Luís Carlos Galán. De otra forma jamás hubiera llegado a la presidencia. Yo recuerdo el gobierno de Gaviria como bastante anodino e intrascendente, y siempre me pareció que haberlo “ungido” como adalid del Nuevo Liberalismo era un desatino monumental. Un acto de inconsecuencia e incoherencia políticas e históricas, de proporciones descomunales.

Después, como se sabe, Gaviria medró y lagarteó y se consiguió el puesto en la OEA, y nunca fue mucho más en el devenir nacional. Nunca ha sido, en mi apreciación, de mayor importancia. En estos últimos años ha sido el director del Partido Liberal, mientras se ha ido convirtiendo en un político reaccionario y más bien opaco. En la galería de los expresidentes de Colombia es una figura menor, a mi entender.

En todo caso, a sus 17 años, Juan Manuel Galán, adolescente y despistado, le entregó las banderas del Nuevo Liberalismo. Y ahora, a sus 53, le entregó el partido entero al Centro Democrático. Y piensa uno, este hombre ya no tiene edad de equivocarse así, de desentenderse así, de deshonrar así el legado político y moral de su padre. Solo alguien muy liviano, muy pusilánime, haría algo así. Y lo hizo. A mí, y yo creo que a millones de colombianos que admiramos hondamente la figura y el ideal político de su padre, se me revolvía el estómago viendo eso. La escena lamentable de las chaquetas rojas, la lambonería de Galán, y la capitulación del Nuevo Liberalismo.

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Todo por subirse al “carro de la victoria” de la fórmula Paloma-Oviedo, que él calcula que va a ganar las elecciones. Pensará que así impulsa su carrera política y se asegura un buen ministerio o una buena embajada. Y sale del letargo y la “insoportable levedad del ser” en que ha estado durante bastantes años.

El verdadero heredero de la claridad de proceder y la firmeza de carácter legendaria de Luís Carlos Galán, es, yo creo, su hijo Carlos Fernando, el actual alcalde de la Bogotá. Ese sí no tiene pelo de bobo.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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