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La Sele

Gonzalo Mallarino Flórez

08 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
“Por fin algo que nos une: la Selección Colombia. Hoy que ustedes leen esto, espero que sigamos en la competencia”: Gonzalo Mallarino
Foto: Getty Images via AFP - ALEX GRIMM
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Bueno, aquí hay por fin algo que nos une: la Selección Colombiana de Fútbol, que está jugando la Copa Mundo en estos momentos. Y digo “está jugando” porque, hoy que ustedes leen esto, espero que sigamos vivitos y coleando en la competencia.

Lo que sí es una certeza es que la “Sele” nos une a todos, es de las pocas cosas que quedan que nos unen a todos. Es un símbolo para toda la nación, es una forma cromática, feliz, viva, de sentir el amor por Colombia, lo que no es un asunto menor en las presentes circunstancias.

No es un amor por Colombia manufacturado a partir de mi visión personal de la política nacional, o de lo que deseo que sea el Estado colombiano, o de lo que me conviene que sea el Gobierno Nacional. No, este es un amor puro, hondo hasta lo inefable, que no espera una retribución ni un beneficio personal. Es un amor instintivo que sentimos sin que sea necesario, para consumarlo, cancelar a otros, odiar a otros, marginar a otros, engañar a otros, someter a otros, desposeer a otros. Nada de eso. Es un amor cuya legitimidad yace en el hecho indisputable de que no es de unos pocos, de una facción, o de un grupo, o de una zona geográfica, o de un segmento poblacional, o de un rango de ingresos, o de unos rasgos raciales, ni siquiera de una visión particular del mundo y de la vida y su sentido. No.

Es de todos y todas. Es que piénsenlo, miren la belleza y el valor de algo como eso en una sociedad que debe estar destinada, idealmente, a la fraternidad y la civilidad que hacen posible la convivencia humana. Piénselo, nombren una cosa que tenga esa virtud, de la que pueda decirse que tiene ese poder de hermanar, de unir, de congregar. No es fácil hallarla.

La “Sele” nos hermana, nada más y nada menos. Y no siempre fue así, y aquí está la justificación de señalar esto en un momento como este. No siempre el equipo nacional fue “de todos”. Era, con alguna excepción, un territorio exclusivamente masculino. ¡Y eso cambió de repente! No fue sino hasta que las mujeres acogieron en su regazo al equipo nacional de fútbol que este se volvió un símbolo de la colombianidad, un símbolo nacional. Fue cuando se feminizó que fue posible que todos y todas nos abrazarnos, arropados por el amor a Colombia.

¿Y cuándo sucedió esto? Yo creo que a partir del Mundial en Brasil en 2014. Ahí empezamos a ver a las mujeres en la calle, en el supermercado, en la oficina, en la casa, en el parque, por los andenes, por las veredas y los campos, llevando la camiseta de la Selección. Yo creo que ahí cambió en el país un rasgo y un ademán esenciales de su comportamiento colectivo. ¡Para bien!

Qué dicha que la Selección Nacional de fútbol no sea exclusivamente de los hombres. Y que el amor por Colombia no se exprese, en este ámbito, con gritos y empujones y arengas de hombres muy machos o muy borrachos. Ahora el fútbol es también la fiereza femenina y, a un tiempo, los besos, la ternura, los pechos perfumados de las mujeres.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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