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La superstición de los aviones de guerra

Gonzalo Mallarino Flórez

09 de abril de 2025 - 12:04 a. m.

Colombia no necesita gastarse 2.000 millones de dólares en unos aviones de guerra. Esa es plata malgastada, botada a la basura. Ni el país va a ser más seguro ni se va a pacificar con la compra de esos aviones.

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Lo único que “flota” en el aire desde que el Gobierno hizo el anuncio es una superstición: “ah, mejor compremos esos aviones, no va y sea. Es mejor, qué tal que no lo hagamos y nos rezaguemos letalmente en la carrera armamentista que debemos librar con los demás países del mundo. Tenemos que hacer ese colosal esfuerzo, cueste lo que cueste, no va y sea nos pase algo horrible. Más horrible de lo que ya nos está pasando”.

Es además un acto inmoral delante de los millones de personas que pasan hambre y necesidad en Colombia y que necesitan, desde hace 200 años de vida republicana, un Estado que los asista y los ayude. Hoy son 20 millones de personas, no son unas pocas familias y comunidades. 20 millones de connacionales que pasan hambre. Y aquellos que no tienen protección real en salud, o vivienda, o saneamiento básico, o educación, y el Estado los ha condenado históricamente a la pobreza.

Y es un acto demagógico del Gobierno, que busca con esa estratagema lavar su imagen desprestigiada hasta extremos raramente vistos en la historia nacional, enviando la falaz y ambigua señal de que está luchando “denodadamente” por la protección y la seguridad de todos nosotros. ¡Pura paja!

Colombia no está en guerra con ningún país y no va a invadir a nadie. Colombia no necesita un “ejército moderno” para atacar a nadie ni para disuadir a nadie de atacarnos. Nadie nos está atacando, nosotros no tenemos que “mostrarle los dientes” a nadie. Además, a pesar de los actos de entrega y sacrificio innegables de militares y policías, el sector defensa de nuestro país ha sido toda la vida impredecible, chambón y en no pocas ocasiones, corrupto. ¿Y ahora le vamos a meter 2.000 millones de dólares?

Y a los grupos de criminales y asesinos que se enseñorean por todo el territorio nacional, delante de la jeta del Estado colombiano, unos aviones “de última tecnología” no los van ni a tocar. Habría que bombardear todo el país y desatar una mortandad en cientos de municipios y veredas, porque la primera estrategia de las bandas de asesinos como el ELN, las “Disidencias” o el “Clan del Golfo”, es parapetarse entre la población civil. Usan a la población civil para sacarle el quite al ejército y la policía. Exactamente como los asesinos de Hamás con la martirizada población de Gaza, que dicen representar y defender. Exactamente lo mismo.

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Lo que traerá paz a Colombia no son unos aviones nuevos. Es despenalizar la droga, enfrentándola como lo que es, un problema de salubridad pública, y quitándole así la principal fuente de financiación a las bandas criminales. Y simultáneamente, llevar el Estado a todos los territorios y proveer justicia e inversión social y productiva.

Lo demás son supersticiones. Pajaritos preñados.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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