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Sergio Fajardo, mi candidato, fue derrotado el domingo pasado, mi decisión, en consecuencia, es votar en blanco en segunda vuelta. No apoyaré el proyecto político que propone dar continuidad a las políticas de Petro, que es el de Iván Cepeda, y no apoyaré el proyecto de De la Espriella, en el que veo riesgos para la civilidad y los derechos humanos.
Tengo que admitir, a las claras, que me pifié por completo en mis estimaciones y predicciones. Yo era hace unos meses de la idea, de que De la Espriella se iba “desinflar” después de la llamada consulta de centro-derecha, y me equivoqué por completo. Me equivoqué hasta el punto de que va a ser, ya casi sin duda, el ganador de la segunda vuelta y el próximo presidente de Colombia.
Estuve en lo cierto, eso sí, en que la llamada consulta de centro-derecha estaba pegada con babas y en que la presencia de Álvaro Uribe acabaría por destrozar esa estrategia electoral. Estuve en lo cierto en que personajes como Juan Manuel Galán y Peñalosa eran totalmente frágiles y no representaban nada políticamente. Y estuve en lo correcto cuando afirmé que Oviedo se había despistado y había mostrado su fragilidad de carácter cuando se acogió al Centro Democrático, como fórmula vicepresidencial de la sobreestimada Paloma Valencia. Y, por último, claro que estuve en lo cierto cuando afirmé que las encuestas eran un mecanismo muy defectuoso de estimación de la intención de voto, y que eran más bien una interferencia indebida e inaceptable.
Me duele que a Claudia le haya ido tan mal, pues la considero una política seria, decente y muy aguda. Espero que en cuatro años vuelva a la contienda, yo la apoyaría. El hecho central aquí, es que “Colombia ha hablado”, como dicen los comunicadores, y que De la Espriella es el gran ganador del domingo pasado y la gran figura política de la vida nacional en este instante. Eso no es lo que yo deseaba ni lo que yo esperaba, pero ha sucedido y me merece todo el respeto. Ese es el rasgo esencial de la democracia.
De la Espriella hizo lo que nadie creía posible y las encuestadoras daban por imposible: ganarle la primera vuelta al candidato del Gobierno. Al candidato al que el Gobierno, sin escrúpulo, ha estado impulsando y promoviendo a través de mecanismos como la contratación estatal. Eso ha sido una vergüenza, es un alivio que no le haya resultado al presidente Petro, que ha demostrado que es cínico, indolente y que tolera y para muchos, favorece, muchas formas de la corrupción.
Y ahora, para terminar, lo más importante: Petro, su Gobierno, su candidato y los partidos y organizaciones que les son afines, deben aceptar los resultados, cuando del pre-conteo pasen a las cifras definitivas. Que no vaya ahora Petro a salir con mentiras y falacias, y a darse maña para no reconocer que Cepeda fue superado por De la Espriella en primera vuelta y está a muy poco de perder la presidencia de la República.
Ojo, Petro, sin trampas.
