Como se podía esperar de él, que es un político serio y coherente, Fajardo no aceptó la propuesta ladina de Paloma Valencia, aquello de que lo invitaba a “trabajar juntos”. Pura paja, lo que pasa es que se están viendo perdidos y están buscando votos hasta debajo de las piedras. Parece que estas elecciones también las va a perder Álvaro Uribe, parece que no le funcionaron ni el ardid de la consulta de “centro-derecha”, ni el carretazo de que su protegida se había desplazado al centro del espectro político, y era ahora una persona dispuesta a buscar consensos con otras vertientes ideológicas.
Paloma es quien es y Uribe es quien es. Eso no va a cambiar. Y por eso es que pueden perder, si les creemos a las encuestas. Y perderían con un mequetrefe, con un fantoche, no se habría necesitado más para derrotar otra vez a Uribe. O a su “vicaria en la tierra”, Paloma Valencia, quien declara ser su hija adoptiva en lo político y en lo moral. Ustedes no se engañen, el malhadado Centro Democrático podría perder estas elecciones por culpa de Álvaro Uribe, por la presencia conspicua de Álvaro Uribe en el proceso electoral.
Los que sí se creyeron esa charada que montó Uribe fueron personajes como Peñalosa y Galán. Ellos sí, por “culiprontos”, cayeron redondos. Claro, con la remota esperanza de que algo iban a pescar, de que habría alguna retribución para ellos, ahora que están tan desdibujados y desaparecidos de la vida política nacional. Se unieron al coro pueril y mentiroso de que “podemos trabajar desde las diferencias” y cosas de esas, junto con el lábil Oviedo, que no sabe ni dónde está parado en este mundo de desalmados.
Pero, justamente en ese mundo, existe el consuelo y la esperanza de que hay políticos como Fajardo, que siguen obrando guiados por unos principios y unos ideales. Yo estoy firme con él por eso, precisamente. Fíjense cómo, además, si algo ha envilecido la política en Colombia como nunca es la visión enteramente utilitaria del Estado. “Yo no tengo ideales, yo lo que tengo son intereses económicos, yo voto por el que convenga a mi patrimonio y a mi comodidad y a mi riqueza, yo no voy a ceder nada, ni un ápice, yo lo que necesito es un Estado que trabaje para mí, que me sirva, que me favorezca, que me privilegie, y a la mierda lo demás”.
Esa es la tonada en Colombia en estos momentos, en eso estamos, para la total desmoralización de nuestra nación y de nuestra sociedad. Estamos por elegir presidente de un conjunto de candidatos –con la excepción de Fajardo y Claudia López, a mi parecer– que dan pena de lo livianos y mentirosos que son. De lo simuladores que son. De lo lenguaraces y engañosos que son. De lo taimados e indolentes que son. Estamos, conscientemente, dejando de lado a los que podrían ser buenos gobernantes, probos, decentes, democráticos, para elegir de entre los más precarios y deficientes.
Por eso es un consuelo la forma en que ha procedido Sergio Fajardo.