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Mi fe en Fajardo está intacta (III)

Gonzalo Mallarino Flórez

11 de marzo de 2026 - 12:08 a. m.
"Paloma, que ha congregado tendencias políticas de derecha, de centro y aún, del llamado voto independiente, debe ceder ante la realidad de que ella no va a lograr, de ninguna manera, llegar a la presidencia" - Gonzalo Mallarino
Foto: Archivo Particular
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Como parecía predecible, Paloma ganó la consulta de centro-derecha, que en conjunto obtuvo más de 5,5 millones de votos. Como parecía predecible, la consulta de Roy y Quintero fue lánguida y Cepeda es, definitivamente, el candidato de la izquierda o del llamado “progresismo”, tendencia que se propone dar continuidad a las erráticas políticas de Estado de Petro.

Oviedo obtuvo más de un millón de votos en su consulta, lo que es, para mí, el hecho político más importante de la jornada. Los votantes de De la Espriella, entre tanto, pueden empezar a mermar significativamente, pues en el escenario político que resulta de las elecciones del domingo pasado, parte de sus votos se irán con Paloma, que es, a las claras, una candidata que a pesar de provenir del fatídico “uribismo”, posee sindéresis y capacidad analítica, cualidades de las que él carece.

Mi deseo personal para Colombia es que Cepeda no sea el próximo presidente del país. Cuatro años más de chapucera ideológica y de compulsión estatizadora nos reventarían, como quedó demostrado con el malhadado gobierno de Petro. Yo, en mis vísceras, creo que esto es así, que sería una desgracia para la nación colombiana que Cepeda llegara a la presidencia. Hay que evitar que eso pase, por todos los medios legales y democráticos posibles.

Y aquí vuelvo a mi tesis de más de una columna escrita en los últimos meses: el único que le puede ganar a Cepeda en segunda vuelta es Sergio Fajardo. Si Paloma sucumbe a la tentación de irse sola a primera vuelta, sería fatal porque desplazará de la carrera electoral a Fajardo, que solo no logrará acceder a la segunda y enfrentar a Cepeda. Y, aunque ella sí lo lograría, sí conseguiría llegar a esa instancia, Cepeda la vapulearía en un frente a frente entre los dos en el capítulo final de las elecciones presidenciales 2026. ¿Por qué? Por lo ya dicho, porque ella proviene del fatídico “uribismo”, muchos de cuyos actos y procederes oscuros el pueblo colombiano jamás los olvidará.

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Entonces, insisto, para prevenir que Cepeda sea el próximo presidente de Colombia, hay que asegurarse de que Fajardo sea el que lo enfrente en segunda vuelta. Cualquier otro escenario, cualquier otra permutación de nombres, lleva a Cepeda como pepa de guama a la Casa de Nariño. No hay que cometer ese error, idéntico al que millones de votantes cometieron hace cuatro años, votando por Rodolfo Hernández.

Según mi lógica, Paloma, que ha congregado tendencias políticas de derecha, de centro y aún, del llamado voto independiente, debe ceder ante la realidad de que ella no va a lograr, de ninguna manera, llegar a la presidencia en este episodio de nuestra historia. Entonces, debe hacer lo que parecía inconcebible hace unos pocos años, debe unirse a Fajardo como su fórmula vicepresidencial. Y ambos, tratar de preservar los votos de Oviedo y del centro.

Esa sí es una trinca que Cepeda no puede contrarrestar. Y hará que el nuevo presidente sea Sergio Fajardo.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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