El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Policías y soldados asesinados

Gonzalo Mallarino Flórez

07 de mayo de 2025 - 12:00 a. m.

Veintisiete policías y militares han sido asesinados en unas pocas semanas por las bandas criminales que controlan varias regiones del país. En esas regiones no hay Estado. El hampa y los asesinos gobiernan. Dice la prensa que ni en épocas de Pablo Escobar estaban las fuerzas de orden tan expuestas y los uniformados en un riesgo tan grande caer asesinados.

PUBLICIDAD

Mientras tanto el presidente se hace otra cirugía plástica y los ministros del gabinete se denuncian y se demandan unos a otros. “Un puto circo”, como dicen en la calle. El Estado es chambón, Petro y su Gobierno son chambones, las propias fuerzas del orden son chambonas. Estamos gobernados por mediocres. Y el resultado es que la gente, la población civil vive asustada, amenazada, desplazada, confinada, secuestrada y extorsionada.

Y los hombres y mujeres que llevan un uniforme se juegan la vida cada minuto que están de servicio, en la calle, en la vereda, en el pueblo, en el corregimiento. O que están con sus familias. O que van en un bus. O que salen a comprar algo a la tienda. O que están tratando de descansar. Los asesinos conocen sus movimientos y los esperan y los asesinan a sangre fría. Nadie los protege realmente, la Policía Nacional y Ejército Nacional son chambones. No tienen la inteligencia ni el mecanismo elemental de estrategia para proteger a los muchachos que encargan de “custodiar el orden público”.

Y sus superiores, los oficiales de alto rango, son indolentes. Es como si ya estuvieran acostumbrados a que los soldados y policías murieran. A que un número de soldados y policías mueren al año. Es lo normal en Colombia, hace muchos años. Para los generales y coroneles es lo normal. Y para el Estado y todas sus dependencias también, para el presidente, para los ministros, para las figuras que ocupan con tanto brillo los altos cargos del aparato burocrático. Y como los que mueren son casi siempre muchachos y muchachas humildes, pobres, del campo, pues no es tan grave. Mientras tanto podemos seguir gobernando aquí tranquilos, hablando basura, haciendo anuncios, pergeñando grandes políticas de Estado que jamás se van a realizar, y eso sí, atacando feroz, canallescamente a nuestros enemigos políticos y preparando con fruición la próxima campaña electoral, que ya está a la vuelta de la esquina y promete ser suculenta.

Read more!

Uno quisiera ponerse a dar alaridos viendo esto. Viendo el dolor de las madres, de los padres, de las viudas, a los huérfanos, de las familias destrozadas de los policías y soldados que caen asesinados en este país de mierda. Y en todas esas familias, sin excepción, uno oye a los familiares decir los mismo: es que mi niño, mi niña, solo quería servir a la patria, quería ayudar a todos, quería mucho a Colombia y quería verla bien y en paz.

Y ya casi salía de permiso. Tenía unos días de vacaciones, lo estábamos esperando. Alcanzó a llamar a decir que ya se oían las balas. Y que tenía mucho miedo. Que rezáramos.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.