Cuando los estadounidenses usan la sigla WASP se refieren a aquellos “más puros racial y socialmente” de sus habitantes. Es una sigla para white anglo-saxon protestant, o sea, los descendientes de los británicos y europeos que venían en el barco Mayflower y colonizaron Norteamérica.
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Con frecuencia se les ha asociado con las posiciones políticas y morales más conservadoras. Se trata de personas poderosas e influyentes —blancas, anglosajonas y protestantes— que han dominado muchas esferas del poder político y económico en Estados Unidos.
Yo creo que congresistas como Marco Rubio y María Elvira Salazar se quieren parecer a esas personas. Quisieran ser unos WASP puros. Ya que consiguieron asimilarse, ahora se sienten superiores. Son unos arribistas morales. Por eso son tan despreciativos cuando se refieren, como hicieron hace unos días, al Gobierno colombiano que encabeza el presidente Petro.
La ocasión fue la decisión de Estados Unidos de suspender el monitoreo de las áreas de coca sembradas en nuestro país y darle US$487 millones a Colombia para apoyarla en la “lucha contra las drogas”, como se ha hecho en el pasado. Me pareció entender que hablaban de US$10.000 millones entregados por ese país al Estado colombiano en los últimos años.
Ambos congresistas se quejaban —en palabras mías, no es cita textual— de los pocos resultados que ha dado Colombia en “la lucha contra las drogas”, a pesar de los US$10.000 millones, y afirmaban que lo de suspender el monitoreo es en realidad una estratagema de Biden —¡a quien llaman ¡un gobernante de izquierda!— para fraternizar con el gobierno “extremista” de Petro, buscando extender y perpetuar en Latinoamérica la ideología comunista. ¡De ese tenor es lo que dijeron!
Atrapados en sus odios personales, fobias y sectarismos, se niegan a reconocer que los supuestos US$10.000 millones no sirvieron para un rábano porque la tal “lucha contra las drogas” es una completa falacia y un total fracaso. Siguen con ese discurso moral mentiroso porque así atacan al presidente demócrata y ganan votos y aplausos en la política local. Y posan no solo de correctos y castos y puros, sino de inteligentísimos e incorruptibles moralmente, como los WASP.
Me gustaría que vinieran ambos. Que vieran cómo después de 50 años de “lucha contra las drogas”, el consumo y el mercado internacional son mayores que nunca y los carteles de la droga más lesivos y poderosos y cómo Colombia ha puesto cientos de miles de muertos y buena parte de los jóvenes de varias generaciones están en la cárcel, en la guerrilla o en la delincuencia organizada. Mientras ellos hacen exigencias desde sus escritorios en Washington, la “guerra contra las drogas” se nos ha llevado medio país entre la sangre y las lágrimas que hemos vertido. Todo para que la cocaína esté lista y disponible diariamente en el de ellos.
Arribistas morales que son. Ahora son más papistas que el papa.