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“The hollow men”

Gonzalo Mallarino Flórez

21 de enero de 2026 - 12:05 a. m.

“Our dried voices, when we whisper together, are quiet and meaningless as wind in dry grass…”, dijo Eliot en su poema hace 101 años. Estaba el hombre estremecido ante las palabras privadas de sentido, ante las mentiras dichas en Europa por los líderes más poderosos de la Tierra, que llevaron a la Primera Guerra Mundial y pocas décadas más tarde llevarían a la segunda.

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Exactamente como hoy, como ahora. El engaño, la falacia, la simulación, el cinismo, la deshumanización de este mundo del presente, nos ponen frente a un hecho aterrador: los líderes del mundo mienten por toda la boca. Y no les tiembla la voz, no se les altera el pulso, no se les ensombrece la cara.

“Los hombres huecos”, sí, sin un rescoldo de humanidad, de decencia, expertos, duchos, profesionales en mentir, van a desatar la tercera guerra mundial, la última, gracias a su egolatría y su codicia, gracias a su ceguera, a la perversión de sus corazones, a la degradación de sus almas. Este mundo es gobernado por mentirosos. Mentirosos internacionales.

Es cosa de que, en cualquier instante, un demente de estos llegue ya a cierto nivel de locura y empiecen a volar misiles nucleares. La destrucción será total y rápida. No vamos a poder hacer nada. Nosotros, es decir, las madres, las abuelas, los chiquitos, la gente cándida y bondadosa, nadie podrá hacer nada ante los “hollow men” que imperan en el planeta.

Le da a uno dolor y angustia. Viendo a los niños, a la naturaleza, al agua y el viento y los amaneceres, a los animales perplejos, paralizados de miedo. Los hombres que se han hecho con el poder del mundo, que saben mentir, falsos, sibilinos, nos están destruyendo, nos están condenando a muerte. Dentro de ellos no hay nada, están desocupados, perdieron la pulsión, el nervio moral más elemental de lo humano.

Y la ceguera y la degradación son contagiosas, se han extendido por el mundo, se han propagado. Millones de personas aplauden como focas a estos hombres y se sienten arrobados ante su presencia. “Qué gran hombre”, dicen excitados, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón alborozado, “qué gran líder, qué hombre de estatura prodigiosa”.

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Lo que parece común al mundo de T. S. Eliot y a este es lo masculinas que son esta ceguera y esta egolatría. Lo patriarcales que son. Casi podríamos decir, lo fálicas que son. Nacidas, cultivadas y promovidas para dominar a los otros. Para penetrarlos. Para violarlos. Para someterlos. Sí, los rasgos de una masculinidad deformada.

Tal vez lo femenino –y tal vez no sea tarde– nos puede dar otros días, otras mañanas, otra fe y otra esperanza. Nos pueda dar un mundo sin opresores y oprimidos. Sin vencedores y vencidos. Tal vez las manos de lo femenino (que se halla en hombres y mujeres) nos puedan sanar la piel y el corazón. Y reparar el daño terrible que le han hecho a la humanidad tantos hombres y su masculinidad desfigurada.

Debemos abolir a los “hollow men”. Debemos desterrar esa masculinidad.

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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