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Una buena vida

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Gonzalo Mallarino Flórez
22 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
“Una persona que se ha guiado por la bondad admira más que otra que se ha guiado por la sed de ser rica”: Gonzalo Mallarino Flórez.
“Una persona que se ha guiado por la bondad admira más que otra que se ha guiado por la sed de ser rica”: Gonzalo Mallarino Flórez.
Foto: COrtesía
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La semana pasada le oí decir a una persona que lo único que uno necesita para hacer una buena vida, para conseguir tener una buena vida, es que lo quieran los papás; que de chiquito y de jovencito, lo hayan querido los papás. Me pareció bien.

Tal vez se pueda extender un poco la noción y decir que uno ha hecho una buena vida si en la vejez los hijos lo quieren a uno y vienen a verlo y a abrazarlo. Y si tienen a su vez hijos, que se los traigan a uno, a los abuelos, todas las semanas, para que uno los bese y los mire bostezar y pueda ver cómo les nacen en las encías las palabras del idioma y les crecen, poco a poco, las pestañas.

Ambas cosas, ambas nociones, me gustan porque se oponen a la idea del éxito y del triunfo que propaga la cultura actual, que incita a los niños a reventar a codazos a los otros niños, para ser un “vencedor”, un “ganador”. Tal vez, viendo el estado de las cosas, la degradación de casi todo en el mundo del presente, más que enseñarles a los niños a dominar la Inteligencia Artificial y a hablar en inglés, para ponerse delante de los demás en la vida, para “sentarse sobre los demás” como decía un poeta, haya que acercarlos más bien a cosas como la solidaridad, la rectitud, la ternura, el respeto, el juego, y por supuesto, la dulce y limpia y libertaria sensualidad.

Una persona que fue clemente siempre, que arropó, que acogió, que compartió, que cedió, que renunció, que reconoció, que respetó, que siempre recordó con gratitud, vale más, a mi entender, que otra que simplemente ha logrado tener un millón de dólares, por ejemplo. Una persona que se ha guiado por la bondad admira más que otra que se ha guiado por la sed de ser rica, de acumular riqueza, como medida de su propio valor personal.

Se puede ser un miserable, se puede haber fracasado hondamente en la aventura humana, y ser muy rico. Al lado de la idea de éxito que la cultura otorga inmediatamente a quien es rico, o a quien ha acumulado un poder enorme sobre los demás, se puede, en realidad, ser un mezquino, un desconfiado, un avaro, un simulador, un cínico, un indolente, y como consecuencia de todo eso, ser terriblemente infeliz, vivir al acecho, a la defensiva, desconfiando hasta de los árboles. En cambio, el que ha sido siempre bondadoso, siempre tendrá una buena vida.

Apaga la luz y en la oscuridad, con su corazón tibio y apacible, se queda dormido. Sin sobresaltos, sin pesadillas desoladoras alimentadas por la culpa o el asco. Es muy posible que esa persona, como dijo aquel señor la semana pasada, haya sido querida por sus papás. Haya encontrado en el abrazo de sus papás protección y alivio cuando tuvo miedo de niño. Haya encontrado en la voz irremplazable de sus papás, cuando le leían un cuento para que pudiera entrar tranquilo a la noche, el camino de piedritas para comprender, imaginar y ensanchar el mundo que la está esperando.

Tal vez en la infancia, el amor debe estar primero que el mercado laboral.

Gonzalo Mallarino Flórez

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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