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Los conflictos que sacuden al Medio Oriente y a Europa oriental podrían terminar reconfigurando temporalmente el mapa turístico global. La historia reciente demuestra que cada vez que la geopolítica entra en fase de turbulencia, el turismo -una industria que depende de la confianza, la movilidad y la estabilidad- comienza a mover sus piezas -en este caso sus rutas-, pues los viajeros son propensos a buscar destinos más tranquilos y lejanos de las zonas de conflicto.
El cierre de espacios aéreos, las advertencias de seguridad sobre determinadas regiones y el riesgo potencial para aeronaves comerciales alteran el mercado turístico y obligan a las aerolíneas a reconfigurar sus trayectorias. El conflicto en Ucrania obligó al bloqueo de uno de los corredores más transitados del hemisferio norte, que conectaba vuelos entre Europa y Asia, generando un cuello de botella y un replanteamiento en la aviación comercial.
Cuando los corredores aéreos se vuelven inseguros, los destinos afectados no solo pierden competitividad, sino que las aerolíneas enfrentan desplazamientos más largos, mayor consumo de combustible y elevados costos operativos que terminan reflejándose en el precio final de los tiquetes. El resultado ya se está viendo en el tarifario de numerosas aerolíneas, entre ellas algunas de las que operan en nuestro país, que han venido incrementando el valor de los pasajes.
En la medida en que los vigentes conflictos bélicos siguen generando preocupación en el escenario internacional, el turismo también comienza a resentir sus efectos y a observar con atención la forma en que estos eventos pueden alterar las corrientes turísticas. La creciente tensión en el Medio Oriente introduce serias inquietudes en una región que de tiempo atrás ha estado funcionado como una de las principales bisagras del transporte aéreo intercontinental.
Y como viene sucediendo, los viajeros tienden a evitar las regiones cercanas a los focos de conflicto, tanto por razones de seguridad como por la incertidumbre que provocan los cierres de aeropuertos, las cancelaciones de vuelos o los cambios repentinos en las condiciones de viaje. Incluso, los países que no participan directamente en las guerras, pero que se encuentran dentro de áreas percibidas como inestables suelen ver reducidos y limitados sus flujos turísticos.
Frente a ese potencial reacomodo del mapa turístico global, América Latina bien podría obtener cierta visibilidad turística. Para muchos mercados emisores esta región resulta ser un territorio geográficamente distante de los principales escenarios de conflicto, creando una percepción de relativa estabilidad que, a la hora de hacer cuentas, podría considerarse una ventaja competitiva en un contexto donde la seguridad es un criterio fundamental en la decisión de viaje.
Colombia, en particular, posee argumentos para asomarse dentro de ese radar. Durante años el país ha venido trabajando para transformar su imagen internacional, pasando de ser visto como un territorio asociado a un complejo conflicto interno a proyectarse como un destino de biodiversidad, cultura y experiencias auténticas. Esa narrativa, reforzada por campañas de promoción y por la creciente conectividad aérea que se ha venido fortaleciendo últimamente, empieza a alinearse con las tendencias del turismo contemporáneo, como lo demuestran las crecientes cifras de ingreso de turistas extranjeros en los años recientes.
Luego de la pandemia, muchos viajeros han dispuesto buscar algo más que destinos tradicionales: exploran experiencias ligadas a la naturaleza, al contacto con comunidades locales y a entornos menos masificados. Es este un mercado en el que Colombia cuenta con activos difíciles de replicar: selvas amazónicas, montañas andinas, parques naturales, valles, sabanas, ciudades que combinan historia, playas, gastronomía, y una atractiva diversidad cultural.
Por su ubicación en el mapa, el país, además, suma una ventaja adicional. Se encuentra a muy pocas horas de vuelo desde América del Norte y Europa, en comparación con otros destinos de naturaleza similar. Y dentro de América Latina, ha venido destacándose como uno de los países con mejor conectividad aérea, un terreno en el que se muestran evidentes avances, con rutas que enlazan no solo las principales ciudades domésticas, sino decenas de dinámicos destinos internacionales.
Todo un conjunto de factores que podría jugar a su favor en un escenario global. Sin embargo, el pero puede estar en la seguridad. El turismo internacional es una industria profundamente sensible a la confianza y para que Colombia se pueda beneficiar de un eventual reacomodo del mapa turístico global, deberá seguir avanzando en la seguridad territorial -la exigencia más urgente-, además de otros aspectos clave en infraestructura aeroportuaria, calidad de los servicios y sostenibilidad de los destinos. De paso, deberá fortalecer la positiva promoción internacional que adelanta y consolidar aún más la conectividad aérea, el principal puente de conexión entre destinos y viajeros.
El país se encuentra ante a un escenario interesante, en el que el tráfico turístico podría redirigirse hacia regiones percibidas como más estables. Si la aspiración es seguir aumentando la llegada de visitantes internacionales, aprovechando dicha circunstancia, las autoridades tendrán que seguir pincelando con avances nuestra industria turística y posicionar el destino a niveles adecuados de confiabilidad y competitividad.
En conclusión, la crisis en el Este y en Oriente Medio podría marcar una nueva apuesta en el contexto turístico. La industria de la aviación mundial está mirando hacia el Occidente y el Sur global por necesidad operativa y de mercado. Y Colombia, si se lo propone, tiene ante sí la oportunidad de consolidarse como receptor de una tajada de ese flujo turístico que hoy se aleja de aquellos destinos que -por efecto de la guerra- han comenzado a salirse del radar.
En el sector: Colombia, Japón, Buenos Aires y Madrid están nominados en la categoría de Mejor Destino Internacional Gastronómico, en los premios Food and Travel Reader Awards, que entrega la revista especializada Food and Travel México, publicación creada en el Reino Unido, en 1997. En la nominación se destaca que nuestro país “vive un momento gastronómico muy interesante, impulsado por su diversidad de ingredientes” y se enfatiza en la calidad culinaria de ciudades como Bogotá y Medellín. La ceremonia de premiación a lo mejor de la gastronomía y el turismo mundial tendrá lugar mañana viernes en el exótico “pueblo mexicano” de Puerto Vallarta.
@gsilvar5
