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29 Sep 2021 - 4:00 a. m.

La mascarilla de la inequidad

Seriamente permeado por la crisis sanitaria, cargando su costoso lastre a cuestas, el sector turístico mundial celebró el pasado lunes, 27 de septiembre, el Día del Turismo. Una fecha ya tradicional, establecida desde 1980, que conmemora la aprobación de los Estatutos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), a la vez que determina el final de la alta temporada turística del hemisferio norte y el inicio de la del hemisferio sur. La exaltación busca, principalmente, visibilizar la dimensión que tiene esta industria en el mundo y las oportunidades que ofrece en materia social, económica, política, ambiental y cultural.

Este año la programación principal del evento se realizó en Costa de Marfil -un país africano inmerso entre selvas tropicales y complejos turísticos pero con elevados niveles de pobreza- y centró su reflexión anual en la importancia que tendría promover la actividad turística como herramienta estratégica de crecimiento inclusivo. El llamado está dirigido a los gobiernos para que sumen esfuerzos y trabajen en la reactivación del sector con el fin de aprovechar su poderoso potencial, en aras de impulsar la recuperación económica del planeta y, de paso, extender y distribuir sus beneficios de manera justa. No solo a nivel de los países en el concierto internacional, sino de sus propias comunidades.

El turismo aún arrastra una compleja situación desatada desde los inicios del año pasado. Ello tiene repercusiones negativas en numerosos destinos, especialmente en pequeños estados insulares y naciones en desarrollo -donde predominan poblaciones vulnerables- en los que el servicio de esta actividad es el único o el más significativo renglón económico. La irrupción de la pandemia silenció la oferta, derrumbó la demanda e impactó el empleo de millones de personas vinculadas al sector. Pero, además, afectó la calidad de vida de comunidades enteras dependientes del turismo como medio de sustento.

Los dos últimos años han sido difíciles para la industria, debido a los cierres de fronteras, las continuas restricciones de movilidad y la volatilidad de las políticas migratorias en los Estados, por cuenta de la aparición del COVID-19 y de las nuevas y agresivas variantes del virus. La OMT estima que para diciembre se sumará una pérdida generalizada por encima de los 4 billones de dólares en el PIB mundial.

Aunque el turismo internacional está remontando lentamente, la recuperación sigue siendo frágil. En los primeros cinco meses de este 2021 -según el mismo organismo- el arribo de turistas internacionales promedió en una reducción del 85% con respecto a las cifrase del mismo periodo calendario anterior a la pandemia: en ese lapso se contabilizaron 460 millones de pasajeros menos que en igual período de 2019. Por ahora, la principal alternativa para la recuperación se viene dando con los viajes internos, con los que se han visto beneficiados los destinos que cuentan a su favor con amplios mercados locales de pasajeros.

Para las naciones en desarrollo, cuyos gobiernos poseen menos herramientas y menor liderazgo para salvaguardar los tejidos productivos, el panorama es poco alentador. Por ser el turismo una fuerza socioeconómica clave en el mundo, su afectación tiene marcada incidencia social, al reducir la generación de recursos directos y limitar su impacto sobre el crecimiento y desarrollo económico. La reactivación turística plena puede ser el motor para alivianar la conmoción en la que han caído buena parte de las economías ante el impacto global de la pandemia.

Para hacer efectivo el tema de reflexión de la OMT sobre el turismo para un crecimiento inclusivo, la vacunación es el primer escollo que debe afrontar el mundo, dada su inequitativa distribución por cuenta del aprovisionamiento que han hecho los países ricos, en detrimento de los más vulnerables. Esta insolidaridad internacional alimenta los riesgos de extender y perdurar las amenazas contra la salud pública global. De ahí que el avance igualitario en la vacunación sea el punto de partida para emprender la apertura total de las fronteras y restablecer la confianza entre los usuarios de la industria.

El turismo es determinante de la sociedad. En países como el nuestro, donde existe tanto potencial y se empieza a entender su papel estratégico en la economía, se abre la oportunidad para relanzar el sector mediante acciones específicas que estimulen un cambio hacia la oferta de naturaleza, para generar empleo, luchar contra la pobreza y mejorar las condiciones de vida de las comunidades escasamente visibilizadas por el Estado.

El crecimiento inclusivo del turismo compromete propender por la sostenibilidad ambiental y por el fomento del desarrollo armónico de los territorios para que el flujo de ingresos producidos irradie beneficios a todas las capas sociales. En particular a las más vulnerables, que tienen en esta actividad un instrumento para luchar contra la pobreza.

Es de esperar que el llamado de la OMT induzca a los líderes mundiales a tomar conciencia sobre la necesidad de repensar y transformar el turismo para que -como dijera el secretario general de la ONU, António Guterres- llegue a ser auténtico motor de prosperidad, vehículo de integración, medio para proteger el planeta y la biodiversidad y catalizador del entendimiento cultural entre los pueblos.

Para algo debe servir la lección que nos deja esta dura y prolongada pandemia, cuyo anhelado final puede ser aprovechado para que los gobiernos del mundo, de la mano de la industria turística, retiren la mascarilla de la inequidad social que, históricamente, viene asfixiando a las grandes masas de la población.

En campo ajeno. El escandaloso caso del contratista Emilio Tapia -un incorregible delincuente- y su jauría de socios destapa la profunda corrupción en la que se hunde el país bajo la complicidad de gran parte de nuestra clase política, que bien conoce los vericuetos y las estrategias para esquilmar al Estado. Solo falta que se le renueven las garantías judiciales y se le conceda casa por cárcel, como la que pretendía alquilar en Llanogrande, por $20 millones mensuales, con amplias pesebreras y un confortable espacio habitable para su cuerpo de escoltas.

gsilvarivas@gmail.com

Twitter: @gsilvar5

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