13 Oct 2021 - 5:00 a. m.

Trancón aéreo

El Dorado, nuestro principal centro de conexión regional aeroportuario, no solo vuelve a dar señales de agotarse en materia de infraestructura para atender la demanda -pese a su reciente ampliación y remodelación-, sino que afronta problemas operacionales que ponen en aprietos su correcto funcionamiento y entorpecen su oferta de servicios. Una de las dificultades más visibles en estos últimos tiempos es la congestión del tráfico aéreo, particularmente en horas pico, desbordada ante la creciente autorización de vuelos no regulares -de Estado, militares y privados- que circundan el espacio, en detrimento de la aviación comercial.

Tras recoger denuncias recurrentes de las aerolíneas, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) acaba de llamar la atención al Ministerio de Transporte y a la Aeronáutica Civil para que se adopten las medidas que comprometan al cumplimiento de las operaciones aéreas comerciales en los horarios establecidos, los cuales son constantemente modificados por la aplicación de lo que se conoce como el Programa de Demoras en Tierra (GDP), un procedimiento de reprogramación de itinerarios utilizado como consecuencia de la sobredemanda en la aviación no regular y del Estado.

Según la IATA, esta medida se aplica de manera repetida, situación que genera atrasos severos en los vuelos comerciales, lo que les impide a las compañías de aviación cumplir sus compromisos con los pasajeros. Dicho cambio de reglas le resta efectividad al transporte aéreo y genera congestión de aviones, desembocando en demoras excesivas en los procedimientos de salida y llegada y, cuando no, en la cancelación de los vuelos, acarreando elevados costos a empresas y pasajeros.

Dicha organización reveló que desde el 29 de mayo la medida ha sido utilizada más de 300 veces, en perjuicio de no menos que 900.000 pasajeros obligados a alargar su permanencia en el aeropuerto o en el interior de los aviones. Este es un problema que se agudizará en la medida en la que aumente el tráfico aéreo local, como lo proyecta la redención de esta actividad, tras el levantamiento de las restricciones provocadas por la pandemia.

Hasta la fecha, la recuperación de las frecuencias semanales internacionales ha sido del 62,9% con respecto a las cifras que se registraban a febrero de 2020. De ahí que persistir en el incumplimiento de la planeación estratégica, aprobada con anticipación a las compañías aéreas, podría volverse un asunto insostenible, con preocupantes incidencias en la puntualidad y la fluidez de las operaciones.

En un solo día, el jueves pasado, el GDP aplicado en El Dorado demoró 130 vuelos comerciales, con retrasos de entre 2 y 4 horas, afectando a 17.600 pasajeros. Cuellos de botella semejantes serán repetibles de no priorizarse a la aviación regular de pasajeros, principalmente en las horas pico. Ello podría suceder en lo que resta de la semana de receso escolar -que termina el domingo-, cuando se estima que alrededor de 1′200.000 viajeros se movilizarán en vuelos nacionales e internacionales por el país.

La IATA anota que ni el aeropuerto Kennedy de Nueva York, el Heathrow o el Gatwick de Londres o el Haneda de Tokio han experimentado la aplicación de tantos GDP como El Dorado. Los aeropuertos de Estados Unidos, sumados todos, no registran más de 50 demoras en tierra al mes. Heathrow -con dos pistas como El Dorado- donde se manejan 80 millones de pasajeros al año, o Gatwick, que con una sola pista mueve cerca de 50 millones de usuarios, presentan cifras menores. La comparación muestra que el aeropuerto bogotano se está convirtiendo en un atasco para el ejercicio de la actividad aérea comercial.

El Dorado es el epicentro del transporte aéreo en Colombia. Recoge el mayor volumen de carga en América Latina, y el tercero de pasajeros. Por sus instalaciones se movilizan cerca de 35 millones de pasajeros al año, y tras su ampliación, a mediados de la década pasada, sigue mostrando déficit en su infraestructura. El crecimiento del tráfico de aviones desbordó las proyecciones de entonces y vuelve a verse saturado ante la realidad del acelerado movimiento aéreo que opera, en detrimento de la calidad del servicio y de su misma competitividad.

La demanda aérea exige mayores impulsos en áreas de parqueo para los aviones, puentes de abordaje y salidas rápidas para las dos pistas con el fin de aumentar su número de operaciones. Hacia el nororiente, además, hay espacio para construir una tercera pista. Además, en aras de superar sus problemáticas, se requiere reabrir el debate sobre la opción de operar un nuevo aeropuerto en las inmediaciones de la ciudad, incluso, para trasladarle a este toda la aviación no regular.

El Dorado transita otra vez por ese penoso espacio de sus propias limitaciones y habrá que darle el oxígeno que necesita. Para ello, se tendrán que solucionar sus problemas de corto plazo - como la moderación del GDP que agrava su congestión- y empezar a definir la construcción, no excluyente, del Dorado II. De lo contrario, se nos pondrá verde y quedará biche ante el promisorio crecimiento de nuestro mercado aéreo. Como están las cosas y, ahora, con tanto viaje oficial, el aeropuerto amenaza con un inevitable trancón frente al cual ni con un “pico y placa” habrá solución.

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