10 Jun 2022 - 2:51 a. m.

Ante el peligro fascista, apoyo crítico

Aunque parezca increíble, el miedo y el odio a Petro han calado de tal forma, que algunas personas democráticas están pensando votar por Rodolfo Hernández, un candidato que, más allá de sus constantes pronunciamientos en contra de la corrupción, es ajeno a planteamientos de fondo, y a quien las grabaciones que siguen apareciendo a diario muestran al desnudo como un ser elemental, sin formación ni ideas claras del manejo del Estado; misógino, violento, vulgar y corrupto.

Sí, corrupto; su exitosa campaña la ha basado en la lucha contra la corrupción, pero basta escuchar el podcast de Daniel Coronell en el que desmenuza las pruebas en poder de la Fiscalía y la Procuraduría para concluir, al igual que para la Fiscalía General de la Nación en el escrito de acusación en su contra, “que existen pruebas graves que permiten afirmar, con alta probabilidad de verdad, la responsabilidad de Rodolfo Hernández en el delito de interés indebido en la celebración de contrato”, en la época en que se desempeñaba como alcalde de Bucaramanga. Delito que según el Código Penal se condena con entre 5 y 27 años de cárcel. Pruebas que existen también en el pliego de cargos de la Procuraduría General de la Nación, que lo procesa disciplinariamente por los mismos hechos, y en donde se indica que Rodolfo Hernández era plenamente consciente de la ilegalidad de lo que estaba haciendo.

La gran paradoja hoy es que personalidades del centro político, a quienes nadie podría tachar de extremistas, y que gozan de credibilidad en amplios sectores, como Alejandro Gaviria, Cecilia López, Antanas Mockus, Rudolf Hommes e Iván Marulanda, entre muchos otros, señalan que Petro representa el camino más claro para preservar la institucionalidad del país y la democracia. Dice Alejandro Gaviria: “Gustavo Petro representa en este momento la opción de cambio más responsable, institucional y liberal. Los riesgos de un rompimiento institucional, sobre todo con el Congreso, pero también con las Cortes, son mayores con Rodolfo Hernández. Gustavo Petro ha hecho un esfuerzo por articular una visión de cambio, ha respetado el debate, ha hecho propuestas, Rodolfo no. Desde un punto de vista democrático me parece cuestionable una campaña que simplemente, solamente, ha apelado a un discurso anticorrupción eficaz, pero oportunista”.

A su vez, el respaldo político mayoritario de Rodolfo Hernández proviene del bloque conformado por la clase política tradicional, que durante el gobierno de Iván Duque apoyó las medidas tendientes a destruir la paz, lo que condujo al incremento del asesinato de líderes sociales y al regreso de las masacres, al tiempo que se lucraron más que nunca con la corrupción descarada y llevaron el país al grave caos que atraviesa. Grandes temores despiertan varias declaraciones altisonantes de Hernández, como aquella en la que afirma que, si gana las elecciones, el primer día declarará el Estado de Conmoción Interior, que lo dotaría de poderes omnímodos para hacer y deshacer durante un tiempo, sin control del Congreso y de las Cortes.

Uno de los pronunciamientos más directos sobre Hernández es el de la destacada artista plástica e investigadora Doris Salcedo, quien señala: “El fascismo ha utilizado la propaganda política con gran efectividad. Históricamente, su principal estrategia ha sido usar la lucha contra los ladrones para enmascarar su peligroso y desestabilizador ascenso al poder... Atacan a corruptos reales o imaginarios, eso no importa; lo importante es distraer a los electores para que no vean su propia corrupción… Paradójicamente, sus políticos han sido históricamente los más corruptos. Rodolfo Hernández, el admirador de Hitler, no menciona que la campaña de Hitler usó el mismo eslogan, la anticorrupción… que fue lo que aglutinó a políticos de las más diversas tendencias alrededor de los nazis”.

El único intelectual de peso que respalda a Rodolfo Hernández es el conocido escritor y ensayista William Ospina, quien ve en Hernández la posibilidad del ascenso al poder de un sector diferente a la clase política del centro del país, que ha manejado a su antojo el Estado durante tanto tiempo; sector por el que Ospina siente un profundo rechazo. Algo similar hizo en el 2014 cuando apoyó a otro candidato de provincia, Óscar Iván Zuluaga, quien, como Hernández, también contaba con el respaldado de la extrema derecha, en contra de Juan Manuel Santos. William no alcanza a ver la corrupción y todo lo que hay detrás de Hernández; simplemente, dice que le cree a Rodolfo Hernández. Pienso que Ospina habla más desde su deseo mesiánico de salvar el país, que de una lectura profunda del candidato que escogió.

Decía en su columna del 13 de enero del 2022, en El Espectador: “El modo asombro en que crece como espuma la candidatura de Rodolfo Hernández a la Presidencia revela que el viejo país de la politiquería y de la corrupción está quedando atrás: en este momento no parece ya que nada pueda detener la indignación de los colombianos y su voluntad de cambiar. Hernández, un empresario de provincia hecho a pulso, que evidentemente no pertenece a la casta centralista que ha mangoneado y devastado al país durante muchas décadas, es un santandereano impulsivo y valiente que se ha lanzado solo contra los hábitos tramposos e hipócritas de la vieja política, y ya demostró en Santander que se puede derrotar la corrupción solo con honestidad y con valentía”. William habló in extenso con María Jimena Duzán.

El otro apoyo de Hernández es el publicista Ángel Becassino, periodista, escritor, fotógrafo, quien se ha convertido en el hombre fuerte de la campaña, y junto con William Ospina son los que ponen la cara por él frente a la prensa; los que buscan llenar de contenido a un candidato que no lo tiene. Becassino, quien llegó a la campaña hace poco, dice que su papel ha sido dar impulso a las fortalezas de Hernández, y hacer énfasis en algunas buenas ideas. Poco a poco, se le ve asumiendo roles cada vez más importantes al lado de Hernández. Algunas de sus declaraciones son por lo menos polémicas, por no decir irresponsables, como esta en una entrevista en El Espectador, en la que se lee que quienes critican a su candidato tienen relación con la corrupción: “Hay una reacción de gente que tiene relación con la corrupción de este país que se agarra de un proceso en el que hay una investigación, fundamentalmente por una torpeza de un hijo de Rodolfo, para negar la fuerza de decir que la enfermedad esencial es la corrupción”.

Y en otra declaración, Becassino lanza temerarias acusaciones: “Lamentablemente la otra campaña está llamando a incendiar el país, está haciendo una presión muy fuerte para que Colombia ni siquiera siga en la división que ha traído, sino que la profundice, que la vuelva mucho más violenta”.

Por todo lo visto, y con el deseo de que por fin se logre encausar el país por senderos de paz con justicia social, y con la esperanza del cambio real que representan Gustavo Petro y Francia Márquez, la opción es votar por ellos, manteniendo un apoyo crítico y haciendo votos porque Petro haya aprendido a trabajar en equipo y a manejar su soberbia. Ah, y esperando que sus barras bravas paren de una vez por todas el matoneo contra quienes osan no ver un dios en su líder, pues es un ser humano imperfecto, como todos nosotros, con cualidades y defectos; deberían escuchar con cuidado el discurso del triunfo en la primera vuelta, cuando Petro dijo: “hay que convencer con amor”.

Vale la pena terminar citando un reciente podcast de María Jimena Duzán, con uno de los intelectuales más influyentes del país, el profesor Francisco Gutiérrez Sanín, quien entre muchas otras cosas importantes señala: “el garante de la estabilidad institucional terminó siendo la centroizquierda, entonces todo ese discurso de defensa de la institucionalidad, que cuidado con Petro, que que angustia, que esto se va a desordenar totalmente… (quedó) en que el garante, el que está sosteniendo el discurso de institucionalidad, equilibro de poderes, etcétera, es la centro izquierda… (que hoy representa Petro)... Mientras que la candidatura de Rodolfo es realmente un salto al vacío… Rodolfo es un peligro porque es una improvisación total, es un producto en formación… que cambia todos los días”.

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