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La frase es de Masha Gessen (26 de enero, del 2026) en el New York Times: “Pretende reducirnos a todos a un estado de miedo constante, un miedo a la violencia de la que algunas personas pueden librarse en un momento dado, pero de la que nadie estará nunca de verdad a salvo. Esa es nuestra realidad nacional. El terror de Estado ha llegado”.
Ya no hay dudas. Lo confirman las acciones salvajes protagonizadas en los primeros días del 2026, bajo las órdenes de Trump, por el ICE (Servicio de Control de Inmigración de Estados Unidos) con el pretexto de perseguir delincuentes migrantes.
Todo comenzó, como en otras ciudades de mayoría demócrata, con patrullajes amenazantes de enmascarados armados que descienden de grandes camionetas para cometer actos brutales y detenciones violentas contra personas seleccionadas por el color de su piel o su acento, incluidos ancianos y niños, hasta llegar al asesinato de ciudadanos estadounidenses, como en los casos de Renne Good y Alex Pretti en Minneapolis. La violencia va in crescendo.
Ocurre esto en un país construido y poblado desde el siglo XVII por migrantes europeos que le fueron dando forma, junto con los indígenas que sobrevivieron al exterminio y la mano de obra de esclavos arrancados del África.
Ahora un grupo de hijos de migrantes blancos, que usa el color de piel para proclamar su supuesta supremacía, está expulsando de manera inhumana a los migrantes latinos o de todo el sur del planeta, calificándolos como feos y basura (Venezuela, Somalia), tal como lo ha señalado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Además de perseguir, por ahora, minorías étnicas, el incremento de la violencia tiene que ver con someter a ciudades demócratas, haciéndolas invivibles, frente a la posibilidad de que Trump no gane las elecciones de noviembre y pierda las mayorías en el Congreso. El terror que están sembrando Trump y los suyos, en especial su ideólogo Stephen Miller, buscaría provocar a la ciudadanía para acudir a la Ley de Insurrección, como ya lo ha anunciado, con el fin de militarizar las ciudades demócratas y lograr así dicha suspensión de las elecciones.
Declaró Trump: “Le dije a Pete (Hegseth, secretario de Guerra) que deberíamos usar algunas de estas peligrosas ciudades (gobernadas por demócratas) como campos de entrenamiento para nuestro ejército, la Guardia Nacional, porque muy pronto iremos a Chicago. Es una gran ciudad con un gobernador incompetente. Un gobernador estúpido” (BBC).
Por su parte “El gobernador de Illinois, JB Pritzker, afirmó… que la amenaza de Trump de enviar soldados a ciudades como Chicago era parte del plan, ‘Los otros objetivos son que le gustaría detener las elecciones en 2026 o… tomar el control de esas elecciones… Simplemente afirmará que hay algún problema con una elección, y luego tendrá soldados en el terreno que pueden tomar el control si, de hecho, se le permite hacer esto”. Pritzker… señaló cómo Adolf Hitler tardó sólo 53 días en convertir a Alemania en una dictadura’ ” (CNN).
En últimas, se trata de un proyecto autoritario con diversas ramificaciones, que no solo incluye el control de su país bajo un poder despótico, sino que en su alcance internacional expansionista pretende el dominio del continente americano y de otras regiones, como lo enuncia el Corolario Trump o Doctrina Donroe.
Recordé por estos días el documental “El fascismo ordinario” (1964), con material de archivos confiscados a los nazis, en el que se observa que una de las primeras acciones de Hitler fue llevar a sus temibles escuadrones de Camisas Negras a patrullar y atropellar en calles de Alemania. Vendría entonces la persecución contra comunistas, anarquistas, demócratas, gitanos y judíos, y su posterior exterminio en campos de concentración, mientras invadía otros países, usando la consigna de ser ellos, los alemanes, la raza superior destinada a dominar el planeta... Recuerdo ahora los inhumanos recintos donde están agrupando a los migrantes y la frase “América primero”.
Al igual que ahora, como el egocéntrico Trump en su discurso en Davos, el fascismo utilizó la mentira como arma política para imponerse, de la mano con la violencia.
Estados Unidos, un poderoso país que al perder su hegemonía económica frente a China y ante la emergencia de bloques autónomos, como los países que conforman los BRICS, utiliza su gigantesca fuerza militar en un intento desesperado por mantener el poder.
En el plano internacional destruye el orden construido después de la Segunda Guerra Mundial, desconoce las instituciones multilaterales y el calentamiento global, apoya el genocidio que comete el gobierno israelí de Netanyahu contra los palestinos y propone construir hoteles de lujo desplazando o aniquilando a los millones de habitantes de Gaza; bombardea Irán, militariza el Caribe y destruye lanchas asesinando a sus tripulantes; bombardea Venezuela y apresa a su gobernante; amenaza a Europa y a los países del continente americano (Canadá, México, Cuba, Colombia…) que no se plieguen a sus designios, anuncia que tomará posesión de Groenlandia...
En síntesis, un proyecto basado en el miedo y el terror, liderado por gentes sin escrúpulos que buscan apropiarse de lo que quieren, cuando quieren y como quieren. Un proyecto contrario a todos los valores de la humanidad, que por ahora solo podrá ser frenado por los ciudadanos estadounidenses que comienzan a oponerse a los designios de Trump y los suyos. Al parecer, el Congreso también empieza a despertar y antiguos aliados de Trump se están apartando de sus políticas.
Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es muy grave, y nos atañe a todos. Es el mayor peligro que ha acechado a la humanidad en las últimas décadas.
Posdata
La mejor suerte para el presidente Petro en su cita con Trump, deseando que saque a relucir su inteligencia y sagacidad, que logre conservar la calma para no dejarse provocar y obtener así los mejores resultados, pensando en el bienestar de su país.
