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Elecciones 2026: dos formas de habitar el mundo y la vida

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Guillermo González Uribe
25 de mayo de 2026 - 04:59 a. m.
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Buena parte del establecimiento que ha manejado el país durante décadas, al igual que muchos periodistas y medios de comunicación, no alcanzan a comprender el cambio por el que atraviesa el país. Se quedan en las críticas al presidente Petro, pero se niegan a ver las transformaciones que comenzaron y que van más allá del presidente. Los árboles no dejan ver el boque.

Gustavo Petro llegó a la presidencia luego de dos hechos que marcaron la historia reciente de Colombia: El Acuerdo de Paz con las Farc del 2016 y el Estallido social que tuvo lugar entre el 2019 y el 2021. Estos sucesos fueron el comienzo del despertar de la consciencia social, de esa necesaria transformación de la sociedad que apenas empieza a vislumbrase.

Se trata de un cambio profundo en la forma de entender la realidad social, política, cultural y, por ende, del periodismo. Un despertar de amplias capas de la población que vienen entendiendo que no son ciudadanos de segunda, que son colombianos con plenos derechos y deberes. Y uno de los aportes fundamentales del presidente fue llevar ese mensaje a diversos rincones del país a través de sus intervenciones públicas. Es de esperar que las realizaciones del gobierno no alcancen a ser borradas por errores como la corrupción, nombramientos desacertados y pronunciamientos explosivos del presidente, que empañan su cuatrienio.

Después de décadas de bipartidismo y del dominio del país por parte de élites que concentran los poderes, emergieron nuevas fuerzas, nuevos protagonistas. Otras ideas, otras formas de habitar el territorio, otras culturas que permanecían ocultas o percibidas como algo folclórico, divertido, singular, o marginal y despreciado, salen a la luz y se muestran con orgullo en el ámbito nacional e internacional, para sorpresa, molestia e incluso repulsa de sectores dirigentes tradicionales.

Y las nuevas ideas, las diversas concepciones de la vida y el mundo, están transitando en forma prioritaria, de manera más fluida, por las redes y los portales, cuya labor ha sido fundamental, pues han permitido que se escuchen esas otras voces, que aparezcan otros actores críticos, y se puedan difundir sus planteamientos y propuestas.

Hace un siglo, en su célebre texto Socialismo y cultura, Antonio Gramsci señalaba que la Revolución Francesa estuvo precedida por el periodo de La Ilustración, y que fue posible porque “Las bayonetas del ejército de Napoleón encontraron el camino ya allanado por un ejército invisible de libros, de opúsculos (´cada nueva comedia de Voltarie, cada plamphlet nuevo´), derramados desde París a partir de la primera mitad del siglo XVIII y que habían preparado a los hombres y a las instituciones para la necesaria renovación”.

Esa labor de “preparar a los ciudadanos para la necesaria renovación” la vienen cumpliendo, como se indicó, periodistas independientes y nuevos líderes de opinión o influencers en redes, medios alternativos, portales y podcasts realizando análisis innovadores o divulgándolos, así como los discursos del presidente, las realizaciones del gobierno, el quehacer de líderes como Iván Cepeda, y de ministros, altos cargos, congresistas y figuras públicas de peso. La prueba de fuego para comprobar si el terreno está suficientemente abonado para afianzar un cambio duradero en las costumbres sociales y políticas del país se verá en las elecciones que se avecinan.

Del otro lado, la extrema derecha

En estas elecciones, en la orilla opuesta se encuentran los candidatos de la extrema derecha, Paloma (Uribe) y Abelardo (Uribe/Gilinsky), que proponen volver al pasado: represión militar, privatización del Estado, mano dura, fanatismo religioso acompañado de intolerancia y el irrespeto a las diversidades. Un viaje con difícil retorno al fundamentalismo religioso y al recorte de los programas sociales y las libertades ciudadanas.

Paloma Valencia declaró que nombraría ministro de Defensa a Álvaro Uribe, en cuyo gobierno fueron asesinados por El Ejercito a su mando 6.402 jóvenes indefensos, para ser presentados como victorias de las Fuerzas Militares degradadas de su función constitucional en los años de mandato de Uribe.

También anunció Paloma la reducción del Estado a su mínima expresión y entregar sus funciones a Palantir (minuto 15 entrevista con El Espectador.

Palantir, compañía de análisis de datos especializada en seguridad y defensa, nacida a la sombra de la CIA, ha sido vinculada al bombardeo estadounidense de la escuela en Irán que mató 168 niñas; a la utilización por parte del ICE del “software de Palantir para coordinar redadas” contra inmigrantes en Estados Unidos, y a la deportación masiva de ecuatorianos gracias a que Palantir ya ha entrado allí, al igual que en otros países gobernados por la extrema derecha, miembros del Escudo de las Américas creado por Trump para reemplazar a la OEA, como Argentina, Chile y Paraguay (El Espectador, “El ‘Ojo de Sauron’ llegó a Latinoamérica: qué viene con Palantir. Mayo 19, 2026).

Abelardo de la Espriella ofrece una visión catastrófica del país y se vende como su salvador, a través de la mano dura. Dice que es independiente, pero lo respaldan docenas de políticos tradicionales; es el candidato de Semana, que se convirtió en una publicación de ultraderecha de poca credibilidad. Abelardo es una caricatura de Bukele, Trump y Milei, con trazos de Uribe. Anuncia que creará diez megacárceles que entregará a los privados. Él representa lo postizo, lo impostado, lo copiado, lo inauténtico. Su campaña se basa en promesas incumplibles y show mediáticos sin sustancia. Como dijo Carolina Sanín, es un muñeco. Sí, un muñeco con mucho dinero, conexiones non sanctas y un verbo que lo convierte en buen engendro del populismo básico.

Para no ir más lejos, dos producciones cinematográficas arrojan claves de cómo se expande en forma subrepticia el autoritarismo que representan ellos dos en una sociedad.

El diario de la criada, miniserie de Netflix, adaptación de la novela homónima de la canadiense Margaret Atwood, es una lupa de gran aumento que muestra un país, Estados Unidos, gobernado por el fanatismo religioso, manejado por déspotas que, amparados en la lucha contra el crimen, comenzaron por el rechazo a lo diverso, luego prohibieron a las mujeres trabajar o tener cuentas bancarias, pasaron al asesinato masivo de quienes se atrevían a protestar y llegaron a la esclavitud de las mujeres, para convertirlas solo en recipientes para tener hijos destinados a los poderosos, en un mundo contaminado e infértil. Podría ser solo ficción, pero se convierte en realidad al ver el genocidio sionista contra los palestinos o las redadas contra los no blancos en USA. Políticas antidemocráticas que buscan expandir en América Latina.

La segunda producción es el largometraje documental El juicio contra el arte degenerado (Cine Colombia), sobre cómo el régimen fascista de Hitler comenzó su camino reprimiendo la diversidad sexual, para pasar a la prohibición de otros partidos y llegar a la eliminación en hornos crematorios de todo lo que consideraba contrario al ideal de su identidad; arrancaron con personas con defectos físicos o mentales, pasaron a los homosexuales y artistas “degenerados”, luego a los anarquistas, los gitanos, los comunistas, los judíos…

En Colombia pronto sabremos si la campaña de la ultraderecha, apoyada por voces internacionales intolerantes y centrada en la mentira y la calumnia, logró penetrar, o si ya está maduro este proceso de la revolución pacífica dentro de un capitalismo social, como lo plantea Iván Cepeda, con el fin de lograr la consolidación de un proyecto democrático, enfocado en mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías. Todo en contravía del accionar de parte de élites, medios y periodistas, anclados en el pasado, que ignoran el proceso en marcha o buscan deformarlo.

Nota: Fue necesaria la ruptura abrupta, la figura confrontativa de Gustavo Petro, para impactar y mostrar la realidad desnuda de la desigualdad. Lo deseable es que la firmeza, tranquilidad, organización, templanza y espíritu dialogante de Iván Cepeda, un político que transmite autenticidad y coherencia, logre avanzar en el camino de las reformas sociales, la lucha anticorrupción y la paz.

Es importante tener claro que sería fundamental que Iván Cepeda ganara en primera vuelta, pues si hay segunda vuelta, iría la extrema derecha unida y agresiva a la reconquista del poder. El peligro del regreso del autoritarismo o la llegada del fascismo es un riesgo inminente. Ellos sí no soltarían el poder fácilmente, como ya ocurrió con Uribe.

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