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¿Los más ricos de Colombia quieren otra guerra?

Guillermo González Uribe

30 de julio de 2026 - 12:00 a. m.

¿Será que quienes acaparan más riqueza material en Colombia, y que con su apoyo y a través de sus medios de comunicación contribuyeron al triunfo de Abelardo, quieren otra guerra?

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¿Quieren que reviva la abominable práctica del secuestro?

¿Desean que los drones, contra los que no hay defensa segura, amplíen su radio de acción para bombardear en forma indiscriminada más campos y ciudades del país?

¿Quieren vivir más encerrados en búnkeres, aun con más guardaespaldas y carros más blindados para tratar de protegerse a sí mismos y a los suyos de las nuevas guerras que está proponiendo Abelardo?

Sería bueno que lo pensaran dos veces antes de seguir dando carta blanca a quien promete desmantelar el Acuerdo de Paz del 2016, el cual logró que cerca de trece mil colombianos dejaran las armas y regresaran a la vida civil.

Claro, el Acuerdo no se ha podido implementar de forma tan amplia como tantos quisiéramos, pero sus beneficios para la paz del país son innumerables. Cuenta además con el apoyo de millones en Colombia y de la comunidad internacional, y no parece una buena idea seguir petardeándolo a diario para darle gasolina a quienes quieren jugar a más guerras, tomando las armas no ellos, sino otros, y no con sus hijos o nietos, sino con los hijos y los nietos de otros, y esperando que los miles de nuevos muertos que sigan bañando de sangre el país no sean los suyos, sino los de otros.

Es fácil comenzar una guerra, pero es imposible predecir cómo y cuándo terminará.

¿Muerte, sangre y sufrimiento es lo que quieren que viva Colombia y es el legado que quieren dejar a sus herederos?

No se debe olvidar que Colombia es tierra indómita, que ha vivido durante décadas una guerra tras otra, que a cada acuerdo de paz incumplido le sigue una guerra más. Y que si encienden la mecha de otro polvorín incontrolable, harán que posiblemente y de nuevo cientos y miles no se queden quietos viendo cómo los masacran y roban sus derechos.

Están jugando con candela dejando que las decisiones sobre la guerra queden en manos de un aprendiz de brujo que se cree iluminado, con brillo nacido de los fuegos artificiales importados de la extrema derecha transnacional, que lograron deslumbrar a tantos incautos, pero cuyas luces seguramente serán efímeras.

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Soldado advertido, sí muere en guerra.

De la impresionante película “La Odisea” queda rondando el diálogo entre Penélope y Odiseo sobre la guerra: sufrimiento, horror, torturas, muertes, traiciones y masacres son sus legados.

Notas:

1. Impacta y causa escalofrío la entrevista de Cecilia Orozco con la exviceministra de Defensa Daniela Gómez. Es el material más revelador sobre el desastre que puede significar para el país la entrega de territorio, soberanía, justicia y recursos a Estados Unidos, y establecer bases militares con soldados que tienen licencia para matar, pues no pueden ser judicializados en Colombia. Desmenuzan ellas el aterrador escenario que nos esperaría. Las implicaciones militares, sociales, económicas y políticas; la batalla cultural; el regreso a que quienes se opongan al gobierno sean considerados enemigos internos, equiparados a terroristas que es lícito y necesario eliminar; el retorno a la Doctrina de la Seguridad Nacional, la persecución a lo diferente.

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2. En una época en que, ante la errática política exterior de Estados Unidos, lo multilateral está cobrando nueva fuerza, y en que el equilibrio de poderes puede cambiar allá en las elecciones de medio término, ¿tiene sentido focalizar las relaciones exteriores y económicas casi que exclusivamente en el gobierno de Trump, o es una forma de Abelardo de buscar blindarse ante posibles procesos en Estados Unidos?

3. Es el momento para que Iván Cepeda, quien por su trayectoria, formación y planteamientos podría contar con los apoyos necesarios, tome con determinación las riendas de la oposición. Sería clave que Iván, con los cerca de 13 millones de votos que alcanzó gracias a la Alianza por la Vida, decida de verdad liderarla y seguir construyendo un camino propio. Y que, además del Pacto Histórico, logre continuar aglutinando a millones de descontentos que cada día ven con mayor claridad quién es el inexperto y prefabricado Abelardo, que quiere llevar a Colombia por el despeñadero del oscurantismo: represión sin límites, recorte de libertades, fanatismo religioso, desconocimiento de la diversidad, militarismo y autoritarismo.

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4. Es necesario reconocer la trayectoria de Gustavo Petro, así como su empeño en sacar adelante reformas claves, y los logros en políticas sociales alcanzados por su gobierno. Lo lamentable, que cada vez es más visible, es que su actuar impulsivo, su falta de liderazgo entre los funcionarios más cercanos y la improvisación y carencia de criterios sólidos para nombrarlos o relevarlos está mostrando al final del gobierno enormes grietas en su administración que cada vez son más visibles. Lo mejor ahora sería que Petro termine su periodo presidencial sin nuevos escándalos ni nuevas contrataciones. Que no le vaya a ocurrir como en el viejo refrán: lo que escribió con la mano lo borró con el codo.

5. Pregunta suelta: ¿las pugnas entre las extremas derechas tendrán raíces en que los poderes que han encumbrado a Abelardo tienen en parte origen en los líderes paramilitares que Uribe traicionó y deportó a los Estados Unidos?

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