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Una novela vertiginosa y valiente: “La sombra de Orión”

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Guillermo González Uribe
16 de febrero de 2021 - 03:00 a. m.
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Al leer el nuevo libro de Pablo Montoya, La sombra de Orión, sentí que esa mole que es foco de la novela y alberga una inmensa cantidad de desaparecidos, el botadero conocido como La Escombrera, no solo representa la tragedia de la Medellín más oculta, su inequidad y los vejámenes cometidos por armados de todos los pelambres que nutren sus ejércitos con jóvenes necesitados o reclutados a la fuerza, sino que simboliza la tragedia de Colombia. De una nación en cuyo territorio reposan los cuerpos de miles de desaparecidos de las guerras que cada tanto alimentan los poderes para distraer y seguir manejando el país a su antojo.

Desde las primeras páginas el ritmo es vertiginoso. Va de un suceso a otro, alternando temas y formas narrativas, entrecruzando historias, creando tramas que poco a poco se van encontrando. Es un texto intenso, valiente, que no ofrece concesiones y que se atreve a nombrar las atrocidades y atropellos, vengan de donde vengan, pero al mismo tiempo guarda un relato de amor que redime y promete que el caos interior y exterior no reinen por siempre.

Su estructura con flashback permite recorrer la historia de esa Medellín sumida en la desigualdad, sobre la que cae la maldición del polvo blanco que, al ser ilegal y haber penetrado las estructuras de la ciudad y del país, ha fortalecido la criminalidad que ya campeaba a sus anchas. Montoya construye un complejo tejido que devela cómo ese polvo blanco que a manera de metáfora desciende sobre la ciudad en forma de lluvia la cubre de sangre al copar sectores pobres, ambiciosos o corruptos de los diversos estratos sociales. Los hilos del tejido dejan al desnudo gentes de todas las esferas que se hincan ante los guerreros dueños del polvo blanco; las capas dirigentes se nutren de sus dólares, sin aceptarlos a ellos o incorporarlos a la vida de las élites. Y la llamada cultura del narcotráfico va permeando todo, cambiando los valores por silicona en los cuerpos y artefactos ostentosos.

El título de la obra proviene de la tristemente célebre Operación Orión, durante la cual las Fuerzas Armadas, en asocio con los grupos paramilitares, buscaron recobrar a sangre y fuego el control de La Comuna, populosa zona de la ciudad, tomada en parte por milicias de la guerrilla y la delincuencia común. Los asesinados en la operación son arrojados a La Escombrera.

En los entresijos de la narración se siente un profundo y comprometido trabajo de investigación, que permite adentrarse en las entrañas del verdadero infierno, ese que creamos los seres humanos; unos buscando poder a toda costa, enarbolando consignas delirantes y armas, y otros a través de la pasividad, los esfuerzos por sobrevivir sin importar cómo o el silencio cómplice. El lenguaje es fluido, sencillo y directo a veces, otras llega a ser poético. Es un texto conmovedor que da vida a un universo propio para mirar lo que no se mira, para observar lo que generalmente no se observa.

El capítulo de La Escombrera es magistral, pues consigue el tono y la forma, sin caer en falsos dramatismos, para darles voz a los desaparecidos, a los asesinados, a los masacrados, que nos hablan directamente. Igualmente son maravillosas otras dos figuras. La sonoteca, que guarda los sonidos de la ciudad y los seres que la habitan, así como los murmullos y lamentos de los asesinados; y el alucinante mapa, de dimensiones gigantescas, que reproduce los barrios de La Comuna, cuadra a cuadra, y con una cruz señala los sitios donde fueron cayendo las víctimas, con sus respectivos nombres. Hallazgos innovadores para darle nombre a lo innombrable.

Esta novela es un llamado a un país que parece anestesiado, dormido, mientras unos pocos hacen lo que les provoca con él. Se alcanza a percibir cómo las élites, y entre ellas las más autoritarias, han logrado introducirse en el sentir de otros estratos, para que asuman sus valores como propios y los defiendan fanáticamente, con la vana promesa de darles seguridad. Élites excluyentes y sanguinarias que extienden su poder sobre esos segmentos manipulados que hacen el trabajo sucio por ellas, en un país en el que el poder está fragmentado, ejercido en varias zonas por caciques regionales déspotas. Los verdaderos héroes son quienes se resisten o no aceptan entrar en el juego, que muchas veces son asesinados o excluidos.

El autor muestra aquí, una vez más, su capacidad de adentrarse poéticamente en los más diversos temas. Ahora regresa a la realidad de Colombia; antes fueron los primeros fotógrafos franceses en un libro de corte erótico, La sed del ojo; luego, en Lejos de Roma, el sensible relato del trágico exilio del poeta Ovidio; posteriormente recrea en forma imaginativa barbaries del siglo XVI a través de las historias de tres pintores, en su galardonado Tríptico de la infamia, y qué decir de esa bella edición en que mezcla poesía, pintura, música y misticismo: Solo una luz de agua. Francisco de Asís y Giotto. Aquí hay un autor sorprendente, de gran calidad y versatilidad, que merece ser divulgado, conocido y leído en el país.

* Escritor y periodista, autor de «A pesar de la noche» (Ícono, 2017) y «Los niños de la guerra, quince años después» (Aguilar, 2016). Fue director de las revistas «Número» y «Gaceta», y editor del «Magazín Dominical» de El Espectador. Escribe y gestiona proyectos desde https://elaladearriba.wordpress.com/.

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aldemar(14308)17 de febrero de 2021 - 12:43 a. m.
Pablo Montoya es, sin duda alguna, el mejor novelista de Colombia hoy!
Atenas(06773)16 de febrero de 2021 - 06:37 p. m.
Una descarnada y cruda realidad q' bien aplica a casi Colombia entera. Mientras, de siempre, como con las hermanitas Ortega, desde la Colonia, esto se lo merendaron al son de un centralismo feroz, y a su vez en la provincia, como las llamó uno de los más sórdidos representantes de esas dinastias asentadas en la capital, de dicha escuela se aprendía.
Eduardo(7668)16 de febrero de 2021 - 04:00 p. m.
¡A leer el libro!
Javier(17568)16 de febrero de 2021 - 02:19 p. m.
PERO ES,Muy satisfactorio ver como LasUltraderrechas, van cayendo estruendosamente ante EL INATAJABLE,AVANCE de LAS IZQUIERDAS MODERADAS, No. mas miremos como en los EE.UU, también cayeron y, lo mejor es que Gano, EL PETRISMO y, EL CASTROCHAVISMO!!!, soplan vientos de PROGRESO Y DESARROLLO, cierto amigos de este tan DEMOCRÀTICO FORO ?.
Javier(17568)16 de febrero de 2021 - 02:18 p. m.
Tranquilo qué DIOS y NOSOTROS, mismos nos SALVAREMOS, Eligiendo al Gran Progresista y Exguerrillero GUSTAVO FRANCISCO PETRO URREGO PRESIDENTE2022-2026, Única y Mayor Esperanza para Nuestras Presentes y Futuras Generaciones VIVIR, en una Colombia Más Humana y Más Digna, Cierto amigos de este DEMOCRATICO FORO?
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