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El tango necesita una “manito”

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Guillermo Zuluaga
31 de marzo de 2021 - 03:00 a. m.
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La noticia fue un poco sorpresiva: vía telefónica me contaron que el Patio del Tango también había cerrado sus puertas. Claro que tan pronto pasen un poco las restricciones por la pandemia volverán a abrir, me dijeron.

Mientras escuchaba tal voz, con un tono calmo, pensaba en ese, uno de los lugares más emblemáticos del tango en Medellín, acaso uno de los escasos referentes de la noche en una ciudad que suele acostarse tan temprano; el mismo donde por fortuna he compartido veladas interesantes, al compás del canto, del baile, de la gastronomía que gira en torno a la “canción ciudadana”.

El Patio del Tango nació en los años 70 en el populoso sector de Guayaquil, gracias a la iniciativa de Aníbal Moncada, un cantor aficionado y carnicero entusiasta, y sería frecuentado en su momento por personas anodinas y nobles como él, pero también por personajes con algún prestigio como Nicanor Restrepo, Belisario Betancur, Rodrigo Arenas, entre otros bohemios reconocidos. Ha sido tal la importancia para la ciudad que, me perdonará la infidencia el profesor Juan José Hoyos, será lugar protagónico de su próxima y esperada novela. Sin embargo, pese a su relevancia para la vida cultural, social, política, y a que su actual dueño, Luis Guillermo Roldán, un mecenas del tango, hizo esfuerzos por no cerrar, bajó la reja debido a la escasez de público en sus locaciones.

El Patio no es el primer ni será el único espacio del tango golpeado en Medellín por esta pandemia. También el mismísimo Salón Málaga, La Payanca, el Alaska, Adiós Muchachos, el Viejo Rincón y otros menos tangueros, pero donde también se le rinde culto a esta música, como La Polonesa, han visto mermadas sus afluencias de público y han tenido que cerrar por días, incluso por semanas. Claro, habrá quien diga que simplemente son locales comerciales y que sus dueños verán cómo se las apañan para sobrevivir, pero no: cada que un piano o un equipo de sonido o un micrófono se silencian, o no se levanta una pareja a bailar, se va perdiendo además un poco de la esencia, de la identidad de Medellín. Se pierde un poco el legado de personajes como Leonardo Nieto, Jaime Jaramillo, Luciano Londoño, Aníbal Moncada, entre otros, que consagraron su vida a buscar que el tango fuera una parte sustantiva de la vida en Medellín y acaso en Colombia.

Al compás de un tango se ha bailado y se ha comido, pero también se ha conversado, se ha soñado, se ha peleado, se ha enamorado, se ha escrito, se ha soñado, se ha mentido y se ha rezado, se ha “arreglado el mundo”. El tango es parte de la cultura de esta ciudad, de su pasado y, cómo no, de su futuro.

Por lo que significa y ha significado para la ciudad, hay que luchar para que la canción ciudadana no sea parte de las nostalgias. El tango tiene que seguir vivo y en ello la administración municipal tiene que aportar. Y no se tratará simplemente de decir que el próximo Festival de Tango sea en honor a Leonardo Nieto —otro festival más en honor a él, aunque los merece todos— o a Jaramillo Panesso, recién muertos. No. Hay que trascender:

A finales de 2019, en compañía de Sebastián Trujillo, actual subsecretario de Cultura de Medellín, en una de las mesas del Salón Málaga se habló de la necesidad de bajar de las tarimas el Festival del Tango. En efecto, cada año este evento internacional monta enormes y costosos escenarios para su realización, pero ni los artistas ni mucho menos los dueños de los locales comerciales que por décadas han sostenido este género musical sienten los beneficios. El asunto además es simbólico. Es poner el tango a ras de pueblo. Para ello, claro, se cerrarían vías, se llevarían equipos, se autorizaría la venta de licor en sus inmediaciones, entre otras medidas y decisiones en tal sentido.

Por años los beneficios del Festival de Tango han sido para los dueños de tarimas y de equipos, y no para los artistas y los sitios dedicados a esta música, el Patio del Tango entre ellos, que son los verdaderos cultores de este ritmo que forma parte de la cultura popular.

La oportunidad está servida. Además, como por ahora no se pueden montar escenarios y grandes aglomeraciones, sea esta la oportunidad para que el tango vuelva a donde siempre ha debido estar. Ya la administración, que se dice tan del pueblo, verá si le coge el compás a esta invitación.

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Atenas(06773)31 de marzo de 2021 - 06:20 p. m.
¡A por ello!, como dicen en España. Mas sí un adendo, Memo, también son cultoras del encantador tango las ciudades de Pereira y Manizales, Armenia no rezaga mucho tampoco.
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