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En un extenso boletín de prensa, fechado el 3 de septiembre, Empresas Públicas de Medellín (EPM) informó que “invierte más de $18.000 millones” en el oriente antioqueño y que aportará casi $4.000 millones a algunos alcaldes, para ser invertidos en proyectos, principalmente culturales y deportivos.
La cifra de $4.000 millones se suma, según EPM, a otros $14.000 millones que venían invirtiendo en el último año, en otros proyectos, en convenios con Cornare, con la Provincia Aguas Bosques y Turismo, y con la Corporación Prodepaz.
El boletín surgió luego de una reunión, esperada más de un año y medio, a la cual asistieron nueve alcaldes, quienes, como se dijo, en el boletín salieron muy agradecidos -cómo no iban a estarlo-, pues recibirían recursos para invertirlos entre sus comunidades. Los mandatarios, en una actitud un poco complaciente y sumisa, salieron a destacar las bondades de EPM -alguno lo llamó aliado- y además felices porque el gerente los había recibido. ¡Se había dignado a recibirlos!
¡De la mesa del rico Epulón cayeron unas migajas!
Y claro, $18.000 millones suenan como una cifra muy alta, comparada con los exiguos presupuestos de los municipios del área de influencia de la represa. Sin embargo, la cuantía de $18.000 millones -aunque la noticia real es la de los nuevos $4.000 millones- es un valor mínimo si se compara con lo que realmente EPM debería aportarle a la región.
EPM logró utilidades cercanas a los $540.000 millones -más de medio billón de pesos- durante el último año, gracias a la energía producida en el oriente antioqueño, principalmente en la represa Peñol-Guatapé. Así que esos $18.000 millones son, si acaso, el 3 % de las ganancias de esta importante empresa estatal, gracias a los recursos hídricos que aporta el oriente.
Y claro que hay que valorar que EPM cumple con sus obligaciones y algo más aportan al oriente.
Pero contrastan esas “ayudas” con la cifra de $1,5 billones que le entregó en el último año a la Alcaldía de Medellín, correspondientes al 55 % de sus utilidades (El Colombiano, 5 de marzo de 2021). Gran parte de estas ganancias provienen de la energía. Ahora, para recibir semejantes recursos, ¿cuál es el aporte de la ciudad de Medellín además de su consumo?
Así que, mientras para un lado se entrega el 55 % de las ganancias, para el del frente no alcanza a ni el 3 %. Es como si en un hipotético caso un fabricante de calzado, en generosidad -supuesta- quisiera repartir algo de sus utilidades y le devolviera al dueño de los cueros el 3 % por entregarle su materia prima y del gran total le obsequiara de nuevo el 55 % a quien compra sus zapatos.
(Pero así como EPM también habría que decir que hay otras generadoras de energía en el oriente como Isagén, ya empresa canadiense; ISA, en gran parte estatal, y es muy poco lo que estas empresas devuelven, comparado con las ganancias logradas).
La cifras son solamente una indicador, y en presente; sin embargo, al oriente antioqueño estas generadoras nunca podrán pagar todo el daño que le han hecho, porque más allá del impacto ambiental, también está la historia de zozobra y de muertes que ha sufrido “gracias” a esos proyectos energéticos en su territorio. Los recursos naturales han sido su maldición, como me lo dijo alguien cuando escribí 24 Negro, testimonios del conflicto armado en el oriente.
Municipios como El Peñol fueron inundados en más del 50 % de su territorio y, sin embargo, hay abundantes testimonios sobre los atropellos que sufrieron sus habitantes y este pueblo -salvo la reubicación de su cabecera municipal- nunca ha recibido un trato digno y significativo ante la pérdida de la mitad de su territorio, con todo lo que ello implica en términos económicos, sociales, culturales y ambientales. Mientras, animales, plantas, historias y gentes quedaron debajo de las aguas verdosas de este embalse, y los nuevos dueños de sus aguas y sus espacios disfrutan allende sus fronteras, las ganancias de esta megaobra.
A mediados de los años 80 el Movimiento Cívico del Oriente sufrió la persecución y exterminio de la mayoría de sus líderes, los mismos que murieron solamente por denunciar y buscar que al menos el oriente pagara unas tarifas de energía similares a las que se pagaban en la ciudad de Medellín.
Menos podría desconocerse que durante el conflicto armado, principalmente las guerrillas de las Farc, el Eln, y los paramilitares, se ensañaron contra el oriente, en la década del 90 y principios de este siglo, y su razón principal estaba relacionada con la disputa por estos territorios geoestratégicos y por los megaproyectos eléctricos y mineros de la región.
Cada dos o cada cuatro años los candidatos a distintas corporaciones públicas en Antioquia redundan sobre la necesidad de construir equidad regional. Pero son palabras que se lleva el viento. No obstante, una de esas formas de construir equidad, en el territorio antioqueño, sería que EPM entregara recursos más “generosos”, más justos si se quiere, a las regiones de donde se aprovecha de sus aguas.
Quizá sea el momento de que el alcalde de Medellín -presidente de la junta de EPM-, quien le gusta mostrarse como un nuevo Robinhood paisa, lo entienda, pues los recursos que se inviertan en las regiones van a beneficiar es a Medellín, porque la gente que no tiene posibilidades para desarrollar sus proyectos de vida llegan a la capital, y es la Alcaldía la que tiene que solucionar necesidades básicas de servicios públicos, vivienda, salud, educación, etc. Si la gente se queda los municipios y la ciudad se verían menos abocados a estar entregando más y más y más posibilidades de vida, a más y más gente que viene a vivir en sus laderas, a vivir en sus barrios y comunas.
O quizá también sea el momento para que los alcaldes y líderes del oriente dejen su actitud “agradecida” y convoquen de nuevo un movimiento cívico que, en memoria de aquel de los años 80, emprenda una cruzada por la dignidad en esta parte del territorio.
