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Manifestarse

Guillermo Zuluaga

25 de mayo de 2021 - 05:58 p. m.

Hay tantas y tan diversas: de amor, de simpatía, de afecto, de nobleza, de alegría, las de tristeza. Las hay al frente de estas: las de rebeldía, las de odio, las de severidad, las de castigo, las de zozobra. En el centro de las dos quizá estén otras: de impotencia, de melancolía, de calma, de sosiego. Y sí, hay tantas: unas que nos acercan a la vida, otras que caminan seguramente hacia la muerte. Otras que nos dejan en la neutra incertidumbre. Son las formas de manifestarnos.

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Durante tantos años nos hemos manifestado. Nuestro cuerpo manifiesta. El cuerpo es manifiesto, el cuerpo manifiesto. Manifestarnos es una forma de contarnos, de narrarnos, de sentirnos, de sentirnos parte. Es la esencia seguramente de lo que somos. Nadie es alegre: se manifiesta alegre. Nadie es taciturno: se manifiesta taciturno. Alguien quiere comida, se manifiesta hambriento o garoso. Alguien no quiere comida: se manifiesta inapetente o apático.

Manifestarnos nos lleva a pensar en otro cuerpo: el colectivo. Y entonces, parte de un Nos, de un todo, también nos manifestamos: manifestamos nuestra alegría colectiva: esa que sentimos por ejemplo con un gol de la Selección de fútbol, o con la llegada al pico mas alto de alguno de nuestros escarabajos ciclistas. De hecho, los colombianos manifestamos tanto la euforia, la alegría, que tenemos fama en el mundo de ser manifiestamente fiesteros alegres, carnavaleros. Emotivos.

También manifestamos a veces el dolor, la zozobra: no somos tan dados como cuerpo colectivo a hacerlo: sin embargo, en los últimos años hemos marchado, hemos caminado, hemos gritado, nos hemos manifestado, o lo hemos intentado, por lo menos.

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En estos días, no obstante, manifestación suena a rebeldía, a rechazo, que también lo es. La gente, en su cuerpo y alma y en su cuerpo colectivo está manifestándose: la calle y la autopista y la plaza son testigos de esa manifestación. Claro, el país político y social, pero en especial el país que ven – o que no ven- los jóvenes, está cansado, agotado, está ansioso de algo. Y entonces se manifiesta. Como cuando el cuerpo está enfermo por dentro, que lo manifiesta una fiebrecilla que va subiendo. Pero el problema no es la fiebre, sino lo que está adentro, lo que la está causando. Y el cuerpo, el colectivo, colombiano está aquejado pero no muerto: está bullendo por dentro. Y entonces, si bien ha sido aguantador, ha sido resistente, ha querido ya manifestarse, y la calle –que es su nueva piel- se manifiesta. Y salen tantos manifiestos.

Y se ha hecho sentir. Ese manifiesto ya algo ha logrado. Ahora, necesitamos que se calmen un poco las aguas, que se repose, que esperemos un poco, que a lo mejor le cumplan, nos cumplan como cuerpo colectivo. Si no, ya nos manifestaremos en las urnas bien temprano en 2022.

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