Publicidad

Descanso

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Gustavo Duncan
10 de junio de 2009 - 01:23 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

ME PROMETÍ DAR UN DESCANSO DE la parapolítica, las chuzadas del DAS, el narcotráfico, la guerra, la re-reelección y demás avatares de la vida nacional.

Hoy voy a hablar de dos de mis entretenciones: la comida y los whiskies de malta. Y quiero hacerlo para reivindicar una serie de sitios y bebidas que pese a no ser precisamente el centro de la moda de la ciudad, permiten deleitarse sin caer en gastos excesivos.

Mucho ha cambiado Bogotá desde cuando llegué en 1990. En ese entonces era difícil encontrar restaurantes distintos a los de los tres o cuatro países con mayor tradición gastronómica. La globalización y la apertura, tan vilipendiadas por la izquierda, han servido para encontrar una oferta gastronómica aceptable. Sin embargo, hemos llegado al otro extremo, al de sobrevalorar ciertas modas y estéticas sin preocuparnos por la calidad. Cualquiera que experimente con extravagancias culinarias y combine un pedazo de carne con condimentos disparatados, la sirva en una vajilla cuadrada y agregue un pincelazo de salsa, puede abrir un restaurante con ambiente lounge y cobrar más de $30.000 el plato. ¡Qué descaro!

Yo prefiero ir a la fija a sitios menos costosos y sofisticados. Recomiendo cinco. El primero es ‘La gran llanera’, al lado sur de la pista de El Dorado. Allí se come un impresionante conejo adobado con hierbas de la casa, además de chigüiro y otras carnes a la llanera. Fastidia el joropo que tocan en vivo y a todo pulmón, pero el sitio no tiene pierde. El segundo también es llanero: ‘Llano y mamona’, en la 116 entre la Autopista y la Avenida 19. Para mí, la mejor carne de Bogotá. Recomiendo el plato mixto: costilla de cerdo, ternera y chigüiro. Un consejo, es mejor llegar temprano para que la carne no esté muy asada. El tercero es de mariscos, ‘Marineros’. Queda en pleno Sanandresito y hay que hacer fila para entrar. La parrillada de mariscos, generosa en langostinos y con base de pimientos rojos, es un plato obligado. También hay que probar los arroces y cazuelas. Sin tantas pretensiones, este sitio es una alternativa ideal para los pescaderos tradicionales cada vez más obsoletos y a la usura de aquellos restaurantes de mariscos famosos. El cuarto es chino: ‘Alice’s’ y ‘Gran China’, que creo pertenecen a la misma familia. El pollo en salsa de maní picante, la sopa de aleta de tiburón, la carne en salsa de sésamo y los patos hacen añorar un barrio chino en Bogotá. El quinto es un peruano nuevo en la calle 80 con 14: ‘Villa Perú’. Es un peruano de verdad en el que uno se siente con Fujimori y la doctora Laura y no en un loft donde se pretende ‘blanquear’ a nuestros hermanos incas. Recomiendo el pescado a lo macho, el ají de gallina, la jalea, la chaufa y todo lo demás.

En cuanto a los whiskies, ya es hora de que la gente bien y los traquetos de Colombia sepan que lo que toman no se vende en Escocia o es considerado como una mezcla floja para mercados masivos. Más aún, la gama de 18 años y etiquetas de colores, que tanta distinción reclaman quienes lo toman, fueron tragos diseñados para los nuevos ricos de Asia en los setenta. Deberían hacer un esfuerzo y cambiar el gusto de destilados dulzones y sin carácter para beber con hielo, por whiskies de sólo malta, que ya es posible conseguir en los supermercados. Dos se destacan: el Caol Ila 12 años, que es un malta de la isla de Islay, es decir, salado y ahumado, y el Clynelish 14 años, de las tierras altas, que es potente y ajerezado.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.