Publicidad
2 Jul 2022 - 5:30 a. m.

Catarsis y transformación mediante justicia transicional

“No fueron errores: fueron horrores”, dijo uno de los siete ex dirigentes de las Farc que la semana pasada reconocieron ante la JEP su responsabilidad por los secuestros ejecutados, como crímenes de guerra y de lesa humanidad, no amnistiables. “Quisiera que la tierra me tragara”, dijo el máximo comandante para expresar su profunda vergüenza por los daños producidos al secuestrar a políticos y miembros de la Fuerza Pública para presionar su canje por guerrilleros presos, o a civiles para financiarse, o para asegurar su control territorial. “La guerra es la más inhumana de todas las actividades que pueda hacer el ser humano”, señaló otro de ellos, al atender, al igual que sus compañeros, la exigencia de hacer un reconocimiento fáctico, jurídico y restaurador de los graves hechos perpetrados por su organización, y de su responsabilidad colectiva e individual.

Es un acontecimiento histórico: la máxima dirigencia de un grupo insurgente, luego de medio siglo de guerra, toma distancia de los graves delitos que cometió. Abomina de ellos, los califica como una barbaridad, reconoce el grave daño infligido a las víctimas y a sus familias por su inaceptable secuestro y, en ocasiones, por su desaparición forzada, así como por los tratos crueles, inhumanos y degradantes propinados a algunas de ellas, incluyendo trabajos forzados. Manifiesta también que nunca más deben ocurrir y que está dispuesta a hacer lo que esté a su alcance para reparar las consecuencias dañinas de sus acciones atroces e injustificables.

Síguenos en Google Noticias