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Juanubérrimo

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Gustavo Gómez Córdoba
22 de mayo de 2008 - 02:29 a. m.
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¿LOS TRIUNFOS DE LA SEGURIDAD democrática serán los votos de Juan Manuel Santos? Exótico, porque la Seguridad Democrática podrá soportar lo que le acomoden de seguridad, pero admite más bien poca democracia: la Seguridad Democrática es de Uribe, y el Presidente tiene muy claro que los ministros están habilitados para defenderla y promoverla pero ninguno puede alegar título de copropiedad.

Santos, que ha sido todo lo que ha sido en la vida sin un solo voto de por medio (¿valen las 163 papeletas de parlamentarios que lo convirtieron en el último designado?), está capitalizando los sonoros resultados de la fuerza pública, y difícil resultaría desconocerle lo suyo: ministro con capturas y bajas recibe trato de técnico con goles. Hasta se le permite viajar por todo el mundo con gigas y gigas de información entre la maleta.

Aparte de los oscuros falsos positivos, una colección de premios de montaña convierte a Santos en estrella: la muerte de Milton Sierra, Jota Jota, responsable del secuestro de los 12 diputados del Valle…; el doble 16 del Negro Acacio (16 guerrilleros caídos junto al que fuera jefe del frente 16, y gran motor del narcotráfico como fuente de ingresos para la guerrilla)… la captura de Diego Montoya, Don Diego, vieja obsesión de la Policía y del FBI, que ofrecía 5 millones de dólares por él… el cerco y fin de Gustavo Rueda, Martín Caballero, azote de la Costa Atlántica… la baja de Víctor Manuel Mejía Múnera y la captura de su hermano, Miguel Ángel, en una operación relámpago que acabó con los ‘Mellizos’… alias Rojas entregando la mano de Iván Ríos —y más tarde el resto del cuerpo—, en un capítulo mediático macabro pero efectivo… el premio gordo, Raúl Reyes, con su computador bendecido por la Interpol en medio del desesperado fuego verbal de los países “hermanos”… Karina recitando el machacado discurso de “por presiones del Ejército” y apuntalando la joseobduliana teoría de las bandas dispersas, al confesar a los periodistas que hacía dos años no hablaba con ningún guerrillero de peso… En la revelación pública de estos y otros episodios cambia el elenco de generales y almirantes, de barras y estrellas, pero está siempre la figura del ministro Santos, gerente general (¿general?) de Sacando Pecho Ltda.

Si ministros de Defensa fueran, por citar sólo dos nombres, Andrés Uriel Gallego o Diego Palacio, no cabría para Uribe duda alguna de que presentándose en medios, rodeados de camuflados y delincuentes esposados, estarían sumándole  puntos a la patriótica hecatombe. Cosa distinta pasa con Santos, a quien el Presidente puede ordenar, pero hasta un punto. A la hora de la verdad, si es que Uribe piensa hacerse a un lado, Santos tendrá muchas cabezas para mostrar colgadas de las paredes de su aspiración presidencial (no confundir con las del ahora decapitado ex gobernador Ardila), y sus competidores contarán con lo poco que puede exhibir cualquiera que no cuente con las tareas bien hechas de Naranjo y Padilla. Más la ñapa de  haber inscrito de primero en la oficina de derechos de autor la desconfianza por Chávez.

¿Tendrá presentes estas cuentas el Presidente que quiere seguir-no-seguir-siendo Presidente? No sea que terminemos viendo arrodillado frente a la guillotina al hombre de los brillantes resultados. El mismo que espera, porque es tan optimista como vanidoso, ser gran protagonista de las próximas elecciones presidenciales. Para que a Santos las cosas se le sigan dando como ha calculado, debe cuidarse la espalda de los cálculos palaciegos y conservarse, en materia de positivos, ubérrimo: abundante y fértil.

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