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La encrucijada

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Gustavo Páez Escobar
18 de junio de 2022 - 05:00 a. m.
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Colombia no conocía una campaña presidencial tan depravada y turbulenta como la actual. Juan Lozano la califica como una “maluca y dañina campaña”: definición exacta de lo que ha sido esta contienda sin altura ni grandeza y caracterizada por los agravios y el sartal de odios, ataques personales, juego sucio, mentira y desinformación.

Aparte de la ola de oprobios, recrudecida tanto por los candidatos como por sus alfiles y secuaces, está la falta de verdaderos planes de bienestar social, que no solo deben ser bien estructurados, sino realizables. Se engaña a la gente con la baja de impuestos, la vivienda gratis, el mayor tributo a la clase adinerada, la mitigación del hambre de 22 millones de colombianos. Todo esto suena bonito, y de paso hace conseguir votos entre la gente sectaria, la ingenua o la angustiada. Lo que debe saberse es dónde está la realidad y dónde la farsa.

Pasada la votación, falta conocer qué porcentaje de las promesas se cumplirá. En sus campañas por la presidencia, Juan Manuel Santos ofreció con ahínco ―y hubo quienes le creyeron― eliminar el impuesto del 4 x 1.000 y disminuir la cuota de salud de los pensionados, del 12 % al 4 %, que es la cifra justa. Y no cumplió su palabra. Eso mismo sucede con la generalidad de los candidatos.

En el momento actual, llueven halagos de todo tipo. Mientras estos sean más novedosos ―y algunos son estrafalarios y ridículos―, más adeptos se consiguen. La candidez de algunos ciudadanos, tan lindante con la simpleza y la resignación, es un distintivo de la época. Para los pregoneros de ilusiones lo que importa son los votos, así haya que comprarlos en los caminos de la corrupción.

La política ha llegado a los peores niveles de desprestigio y quebranto moral. No solo se ultraja al adversario con palabras soeces, sino que se inventan actos deshonestos que jamás cometió. De esta manera crecen por las redes los rumores perversos, las aseveraciones falsas, los testimonios adulterados. Vivimos en una sociedad en la que se quita la honra y nada pasa. Todo vale cuando no hay principios. Nada se pierde cuando prima la indignidad.

Fíjese lo que sucedió con los “petrovideos” denunciados por Semana, método ruin de la campaña de Petro, con el que se difamaba a los rivales para debilitar su imagen y luego destruirlos. Con este panorama de miedo, insidia, falsedad y desconcierto llegamos a la segunda vuelta. “Los sucios ensucian”, dice María Isabel Rueda. Hay que reaccionar y votar a conciencia.

Colombia entra en una preocupante etapa de polarización. Sea quien sea el ganador, el país no puede hundirse. Debemos salvarlo, para salvarnos nosotros mismos. El próximo presidente debe deponer los odios, dejar la rabia, limpiar el alma, buscar los mejores asesores, y lo más importante, implantar reales fórmulas de buen gobierno. Sin concordias nacional, todo será oscuro, tortuoso, tétrico. ¡Que los dioses de la democracia nos lleven de la mano! Solo así podremos salir de la encrucijada.

escritor@gustavopaezescobar.com

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