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Premio Aplauso a Fernando Soto Aparicio

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Gustavo Páez Escobar
15 de octubre de 2008 - 01:38 a. m.
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La Fundación Premio Aplauso, creada hace 20 años por el barítono y escritor Jesús Rincón Murcia, ha exaltado el mérito de eminentes colombianos que han sobresalido en los campos de la música, la literatura, las artes plásticas, la arquitectura, el teatro y la danza.

En la literatura han obtenido esta presea Jorge Rojas (1993), Germán Arciniegas (1997), Manuel Zapata Olivella (2000). El escogido este año es el brillante escritor boyacense Fernando Soto Aparicio, quien recibirá el homenaje en el Teatro Nacional La Castellana, el 20 de octubre próximo.

En Socha, pintoresco pueblito boyacense de montañosa y escarpada topografía, donde Bolívar tuvo tres días de descanso antes de dar el grito de la libertad en los campos de Boyacá, nace Fernando Soto Aparicio el 11 de octubre de 1933. De muy corta edad, el futuro escritor se residencia en Santa Rosa de Viterbo y allí estudia las primeras letras e inicia su vida laboral.

En la pequeña biblioteca de su padre descubre el universo de los libros, que nunca lo abandonarán. Resulta más apropiado decir que, al encontrar en la palabra su razón de ser, Fernando hace de los libros sus aliados imprescindibles de toda la vida. “Por la palabra –dice– he entendido personas, injusticias, llamadas de auxilio, convulsiones sociales y plegarias”.  

Impactado por los novelistas franceses, que le revelan el clima social que habrá de plasmar en sus propias obras, a los diez años empieza la escritura simultánea de dos novelas, sorprendentes trabajos de niñez accionados por sus numerosas lecturas y por su imaginación portentosa, la cual ha sido el nervio de toda su producción.

Años después destruye ambas novelas y comienza en serio su carrera de escritor, que hoy pasa de sesenta títulos y no se ha detenido desde aquella precoz revelación de su futuro fabuloso. Soto Aparicio es no solo uno de los escritores más prolíficos del país, sino que ha transitado por todos los géneros de la literatura, incluyendo los guiones para cine y los cerca de cinco mil libretos para dramatizados de televisión.

En 1950 –a la edad de 17 años–, hace su aparición en el mundo de las letras con su “Himno a la patria”, publicado en el suplemento literario de El Siglo. Tres años después, escribe su “Oración personal a Jesucristo”, publicada en 1954 en la página literaria de La  República,  y que don Guillermo Cano, en 1964, la lleva a ocupar todo el espacio del Magazín Dominical de El Espectador, con el comentario, muy autorizado, de que se trata de una de las mejores obras de la literatura colombiana.

Es importante resaltar que Soto Aparicio no se hizo conocer del público colombiano como novelista, sino como poeta. Y resulta pertinente agregar, con énfasis, que la poesía está regada en todas sus novelas y en toda su obra. Por lo tanto, es pertinente afirmar que su alma de escritor fue creada por los dioses del parnaso.

Su primera novela, “Los bienaventurados”, ve la luz en 1960. Dos años después, con “La rebelión de las ratas”, alcanza la mayor ponderación de la crítica nacional e internacional, entre las numerosas novelas que escribirá en su infatigable labor literaria. Es la obra que más lo distingue –elaborada a los 29 años de edad–, si bien varias más obtienen altos elogios que no se han debilitado a lo largo del tiempo.

No hay ninguna novela suya donde el hombre no sea el eje de su creación. El conjunto de su literatura es de clamor social, de protesta ante los desequilibrios y las injusticias, de afirmación de los valores éticos y morales. Muestra al desnudo la miseria de los desprotegidos y la arrogancia de los poderosos, en busca de una sociedad más humana y equilibrada. Soto Aparicio ensalza el amor como la esencia indispensable para que el hombre redima sus vilezas y mire hacia las alturas.

El amor es el impulso vital que mueve toda la obra de este escritor silencioso en su vida cotidiana, a la par que elocuente en sus libros, en sus conferencias, en sus talleres literarios y en sus artículos de prensa, que ya conquistó, para honra de Boyacá y de Colombia, los lauros de la gloria imperecedera.

gustavopaez@cable.net.co

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