En el año 1965, navegando por los océanos del mundo como marinero de un barco mercante, Milcíades Arévalo concibió la idea de hacer una revista literaria. El capitán de la embarcación, el argentino Ariel Canzani, que además de arrojado lobo de mar era brillante poeta, manejaba en el cuarto de máquinas una imprenta donde editaba la revista de poesía “Cormorán y Delfín”.
Dicha revista había visto la luz en enero de 1964 y realizaría 29 ediciones, hasta diciembre de 1972. Importante publicación internacional de vanguardia, que suscitó interés en los círculos intelectuales y que, al igual que la mar donde había nacido, era abierta a todas las corrientes de opinión y suscitaba grandes debates por la soberanía del pensamiento y el pluralismo de las ideas.
Famosos poetas crecieron bajo el abrigo de “Cormorán y Delfín”. El cormorán, un atlético cuervo marino, y el delfín, un esbelto cetáceo, se hermanaron en la revista de Ariel Canzani para pregonar la poesía y la majestad de los océanos. En aquella casa náutica aprendió Milcíades Arévalo no solo el arte de la imprenta, sino a querer los libros, que leía con pasión en la biblioteca formada por Canzani en el oleaje marino. Cuando después de una larga travesía se despidieron en tierra firme, el colombiano le prometió que seguiría su ejemplo: sería escritor y fundaría una revista literaria al estilo de “Cormorán y Delfín”.
Así nació “Puesto de Combate”, el 23 de septiembre de 1972. Es decir, el mismo año en que llegaba a su final la revista argentina. Bajo el buen augurio de esta dichosa coincidencia, puede decirse que la revista colombiana recibía la savia que le inyectaba la publicación argentina. Hubo empalme intelectual. Empalme de estilo, de espíritu de lucha, de independencia ideológica, de mirada abierta a todas las expresiones literarias.
En 1983 moría Ariel Canzani, a la temprana edad de 55 años. Debo suponer que Milcíades Arévalo llora todavía la ausencia de su maestro y mantiene su nombre como faro del ánimo batallador que él le transmitió en alta mar, y que se ha mantenido firme hasta el día de hoy, a pesar del oleaje de las múltiples dificultades, sobre todo de tipo económico, que atentan contra la supervivencia de un medio tan frágil y desprotegido como es una revista literaria.
El discípulo superó al maestro en los largos años en que “Puesto de Combate” ha permanecido en la predilección de sus numerosos lectores. Hoy es una de las revistas más antiguas del país, que se ha dado el lujo de prolongar durante estos 36 años, sin ninguna interrupción, su auténtica vocación de apoyo al ancho mundo de los escritores.
Por sus páginas han desfilado literatos muy prestantes tanto de Colombia como del exterior, y sus páginas han estado siempre abiertas a toda clase de inquietudes culturales. Lo mismo el escritor veterano que el que apenas se inicia en los rigores del noble oficio, han encontrado las puertas abiertas de esta publicación. La insignia de la revista es el pluralismo literario, sin exclusiones ni padrinazgos. Lo único que se exige son las reglas elementales del bien decir.
Milcíades Arévalo, antes de ser editor de “Puesto de Combate”, se desempeño como marinero, empleado bancario y vendedor de libros. De difusor de la palabra a través de la venta de libros, pasó a rendirle honores al pensamiento por medio de su propia empresa editora. Actividad que le ha dejado íntimas complacencias, y al mismo tiempo hondos sinsabores por la falta de apoyo económico de las entidades encargadas de apoyar la cultura en el país, comenzando por el ministerio del ramo, que apenas llega a unos cuantos privilegiados.
En su haber literario, Milcíades Arévalo acredita una sólida producción en los ramos de la narrativa y la dramaturgia, con títulos como “El oficio de la adoración” (relatos, 1988), “Inventario de invierno” (cuentos juveniles, 1995), “Cenizas en la ducha” (novela, 2001). Además, es autor de media docena de títulos inéditos.
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Error en la columna “Cuaderno de Sarajevo”, del 28 de julio:
Señor Páez: Excelente columna ("Cuadernos de Sarajevo"). Goytisolo junto con Jean-Luc Godard hacen una excelente visión en el documental de este último, "Nuestra Música". Creo que no disiento en mayor proporción al contenido de su columna. Sin embargo, percibo una inexactitud contextual en la introducción y los dos párrafos siguientes: Radovan Karadzic fue líder de una entidad, dentro de Bosnia-Herzegovina, llamada "Republika Srpska" (República Serbia), cuya ciudad central es Banja Luka, que no es en absoluto la República de Serbia, de capital Belgrado, cuyo presidente era Slobodan Milosevic. Pero se conoce el apoyo incondicional entre estos dos personajes respecto a afinidades ideológicas, materiales y metodológicas para lograr la llamada "Gran Serbia". Camilo Perozzo R.
Señor Perozzo: Reconozco la falta cometida. En realidad, Karadzic era líder, como usted lo precisa, de la entidad llamada “Republika Srpska”. Estos nombres se prestan para la confusión. En cualquier forma, queda clara su personalidad genocida. Gracias por su mensaje. Gustavo Páez Escobar.