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8 May 2022 - 5:30 a. m.

Aborto con condiciones

Una de las reglas más sabias de la democracia consiste en que, cuando hay diferencias de opinión fundamentadas y fundamentales, no conviene que un bando se salga completamente con la suya, sino que es preferible llegar a un acuerdo. Cuando una mayoría exigua impone su criterio a una porción considerable del bando contrario, se crea una herida difícil de sanar que termina por inflamarse.

Pongo un ejemplo: mis opiniones con relación al aborto son bastante radicales a favor de este procedimiento. Creo que la decisión debería ser exclusivamente de la mujer sin importar el tiempo de gestación. Creo que cada mujer tiene derecho a desconectar de su circulación y de su cuerpo incluso a un feto que es viable (es decir, que puede sobrevivir fuera del útero sin ninguna asistencia médica extraordinaria). Es más, creo que esta decisión no le corresponde a la sociedad, mucho menos a los varones, y ni siquiera solo a las mujeres. La decisión de abortar o no tendría que ser única y exclusivamente de la mujer implicada. Es ella y solo ella la que debe decidir sobre su cuerpo.

Lo anterior –que es algo de lo que estoy convencido y que sostengo– se enfrenta de todas maneras a unas zonas menos nítidas que deben ser decididas por un acuerdo democrático entre posiciones diferentes. La sociedad en su conjunto, el poder legislativo, las cortes, deben indicarle al sistema público de salud cuándo están los médicos autorizados a practicar un aborto sin que su intervención esté sujeta a sanciones. Es aquí cuando yo estaría dispuesto a transigir en que, cuando el feto es viable, una comisión médica o ética pueda resolver que, por ejemplo, a las 26 semanas, o a las 31, o a las que sea, es preferible dar el bebé en adopción. A partir de cierta frontera se podría decidir por consenso si se desconecta el feto del cuerpo de la madre, pero no de la posibilidad de vivir.

Entre quienes opinan que el aborto es siempre un asesinato (en la primera hora, semana, o en el noveno mes) y quienes opinamos que nunca debe ser castigado (ni en la primera semana ni en el noveno mes), podría llegarse a un acuerdo a que no se haga un aborto sino un parto inducido a partir de cierto momento de la gestación.

En la famosa sentencia de la Corte Suprema estadounidense de Roe versus Wade, de 1973, los magistrados separaron las condiciones del aborto por trimestres. En el primer trimestre el gobierno no podía prohibir el aborto en ningún caso; en el segundo trimestre, se podían introducir regulaciones médicas razonables; en el tercer trimestre los estados podían prohibir el aborto siempre y cuando garantizaran el derecho a abortar si la vida o la salud de la madre estuvieran en peligro. Esta división temporal fue luego reemplazada por el concepto de “viabilidad fetal”.

Esta semana se filtró a la prensa el borrador de una nueva sentencia de la Corte Suprema, la misma que Donald Trump pudo moldear de un modo claramente conservador y antiabortista, en la que se revierte, casi medio siglo después, la sentencia de Roe vs. Wade. En el borrador redactado por el juez Samuel Alito parece ser que la mayoría de la Corte Suprema piensa devolver a los estados la posibilidad de restringir, si así lo quieren, el derecho a abortar de las mujeres que hasta ahora había sido garantizado. La demanda en estudio tiene que ver, precisamente, con los tiempos de gestación. Se discute si una ley de Mississippi que limita el aborto libre a las 15 semanas de gestación se opone a lo decidido antes, el estándar de viabilidad, establecido a las 24 semanas.

De confirmarse el borrador del juez Alito, las mujeres de Estados Unidos, y especialmente las más pobres (que no pueden costearse viajes a otros estados para practicarse un aborto), verían gravemente limitado su derecho a abortar. En este sentido, la reciente sentencia de la Corte Constitucional colombiana, que despenaliza el aborto hasta la semana 24, será más liberal que la de muchos estados del país del norte.

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