28 Feb 2021 - 3:00 a. m.

El alcaldito mentiroso

Alonso Salazar hizo un sacrificio muy amargo en su importante carrera como escritor (entre sus obras están No nacimos pa’ semilla, La parábola de Pablo) y se metió en ese mundo mezquino y sórdido de la política en el que casi todas las almas limpias se ensucian o se pudren. Lo hizo honestamente, convencido de que desde la Alcaldía de Medellín podía ayudar a mejorar la ciudad. Y lo logró, así fuera a costa de su salud física y mental. Fue un alcalde (2008-2011) de verdad honesto, limpio, eficiente.

Voy a referirme a una sola de sus realizaciones. Cuando entró a la Alcaldía, Alonso tenía una niña recién nacida. Creo que fue por esto que sintió una inclinación especial a servirles a los niños más pobres de Medellín, a ayudarles a crecer bien nutridos, alegres, con una serie de servicios sociales mínimos. Muchos lectores que no sean de Medellín no tienen por qué saber que Alonso creó algo que se llama Buen Comienzo, y que con este programa les brindó alimentación, jardines infantiles, ludotecas, protección contra la violencia intrafamiliar. Salazar sabía que muchos de los problemas de delincuencia de Medellín se originaban en una infancia de hambre, exclusión y violencia.

Gracias a Buen Comienzo, que los alcaldes sucesivos (Aníbal Gaviria, Fico Gutiérrez) conservaron, en Medellín bajaron los índices de desnutrición, de violencia contra los niños, de mortalidad infantil. Todo lo de Buen Comienzo estaba tan bien organizado que de muchas otras partes del país vinieron a estudiar el programa para imitarlo. Parte de su éxito consistió en que Alonso Salazar entregó esta atención infantil a más de 50 fundaciones sin ánimo de lucro con larga tradición en Medellín: Gota de Leche, Carla Cristina, Ximena Rico, Golondrinas, muchas otras. Algunas de ellas son entidades de origen comunitario; otras existen hace más de un siglo.

Hasta que llegó a la alcaldía Mentirita Quintero, el independiente que ha pasado por el Partido Conservador, por el Liberal, por el santismo, que tiene secretarios del despacho del Centro Democrático y cuyos mayores aliados políticos “independientes” son tipos como el inefable Luis Pérez, o el heredero del parapolítico César Pérez, o el clan narcoparaco de Bello: los Suárez Mira. Pues bien, con el argumento de que estas fundaciones sin ánimo de lucro son del GEA (para él la sigla GEA es un costal en el que cabe todo), resolvió cambiar las modalidades de contratación de forma que pudiera asignar, a dedo, los programas extraordinarios de Buen Comienzo a una entidad de grandes negociantes de Bello: Colombia Avanza.

Con el escudo de la pandemia, el Quinterito mentiroso se ha dedicado a entregarles a los politiqueros corruptos decenas de miles de millones de pesos. La plata de los niños con hambre para clientes suyos que, fuera de corruptos, son ineficientes. Antes los programas de alimentación de Buen Comienzo empezaban, como muy tarde, a finales de enero. Ya llega marzo y aquí muchos programas de asistencia a la infancia no han empezado siquiera, porque el alcaldito mentiroso y sus compinches cambian los pliegos de contratación para adaptarlos a su clientela. Y mientras dicen que van a duplicar el presupuesto de gasto para la infancia, le bajaron $3.000 a la ración de comida de los niños. La proporción requerida de nutricionistas pasó de uno por cada 300 niños a uno por cada 710. Los pedagogos pasaron de uno por cada 30 niños a uno por cada 60.

Buen Comienzo les daba a los niños más pequeños y pobres desayuno, media mañana, almuerzo y algo. Esto era casi todo lo que comían al día los más marginados. Los resultados nefastos se empiezan a ver. Entre los niños más pobres el 7,4 % tienen desnutrición crónica. Los jardines infantiles están cerrados. Los programas de talla y peso no se hacen. La platica se queda en manos de tipos que aparecen en fotos en Dubai. Y mientras tanto Mentirita Quintero sigue presentándose como el independiente que le quitó a Medellín al GEA. Un farsante.

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