14 Aug 2022 - 5:30 a. m.

El infierno tan temido

Hay historias reales o ficticias que por algún motivo le hacen pensar a uno lo siguiente: esto que estoy leyendo me pudo pasar a mí, exactamente así como lo cuentan, y en esta misma ciudad, en este mismo mundo y en el tiempo en que vivo. Más aún, como la historia es real, aunque le haya ocurrido a otra persona, siento que en parte me ocurrió también a mí, o a un amigo, o a mi hijo. La leí en El Colombiano, el martes de esta semana, y paso a resumirla:

Hernán Castrillón es un profesor de 67 años que se jubiló hace pocos años. Al jubilarse, al fin, pudo cumplir su sueño de tener una vida sencilla y agradable en la que sus actividades más constantes no podían ser más pacíficas e inofensivas: caminar, leer, escribir, cuidar a su madre de 88 años y seguir con la vida. De todo lo anterior lo que más le gusta, o mejor, le gustaba, era leer. Algunos, para poder leer bien, concentrados y en paz, buscamos el refugio y el silencio de nuestra casa, de nuestro cuarto. No es mucho pedir, se supone. Pero en Colombia no existe un lujo más escaso que el silencio. Aquí se piensa que el único descanso y la única dicha son la rumba y la música a todo volumen. Y no en las discotecas o en los bares solamente, sino en todas partes, en cualquier día y a cualquier hora.

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