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La poesía es un arma cargada de sentido

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Héctor Abad Faciolince
21 de junio de 2026 - 05:07 a. m.
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En términos de mi oficio –escribir– la poesía fue mi primer amor. Como esas parejas que se separan en la juventud y vuelven a juntarse en la vejez, espero que la poesía vuelva a ser mi último amor en lo que tenga de vida. Cuando le mostré a mi mentor de juventud, Alberto Aguirre, algunos de mis poemas incipientes, su rostro se iluminó con una sonrisa radiante: “No hay oficio más puro en este mundo”, me dijo. Él, sin embargo, no defendía nunca eso que se llamaba la poesía pura, o la poesía de la verdad y la belleza, sino la poesía comprometida, la de Brecht y Neruda, la que era un instrumento político para hacer la revolución.

Sonará extraño que yo hable de poesía precisamente hoy, 21 de junio, día de unas elecciones en las que tal vez (como decimos cada cuatro años) se juega el destino de Colombia. En mi fogosa adolescencia yo cantaba un poema de Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”, imitando la voz de Paco Ibáñez y sobre todo la estrofa que decía: “Maldigo la poesía concebida como un lujo/ cultural por los neutrales/ que, lavándose las manos, se desentienden y evaden./ Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. En esta andropausia pacífica y serena, yo he resuelto no mancharme y vestirme de blanco pacifista (que es todo lo contrario de neutral).

Pienso que el escenario del probable ganador, don Abelardo, el falso patriota entregado a Trump, es peor que el escenario del probable perdedor, Cepeda, el hijo de un senador asesinado por los amigos del padre del primero, y sin embargo no escojo el mal menor. No quiero tomar partido por el mal en ningún caso. Ni el mal mayor de los aliados paracos de don Abelardo ni el mal menor de los partidarios corruptos o los narcos embutidos en la falsa paz total de Petro.

Llegados a este punto, mis amigos siempre sacan a relucir el viejo ejemplo de Hitler y de cómo los comunistas y los socialdemócratas no se unieron contra el mal mayor de los fascistas. Estos amigos olvidan, por un lado, que los comunistas insultaban más a los socialdemócratas que a los nazis (a mí, en este mismo periódico, me insultan mucho más los petristas que los fachos). Y, por otro lado, olvidan también que unirse a los comunistas, en aquel momento, era aliarse con Stalin.

Hitler fue peor que Stalin (este último mandó a los judíos a los gulags, pero no ordenó el asesinato de todos ellos) y sin embargo no voto por Stalin. El voto negado a cualquiera de los dos no es un voto neutro: es un voto más valiente porque es un voto contra ambos males y un voto que hace que te odien los unos y los otros (los petristas me llaman fascista y los de la extrema derecha me dicen comunista). Es un voto por la verdad y por la independencia.

Sé que exagero al remitirme a ese ejemplo de hace casi un siglo. Don Abelardo es apenas un “camisa negra” desteñido en la lejía caribe y en sus ganas de plata, y Cepeda un cura célibe en las sectas menos exaltadas del nuevo comunismo. La hipérbole es solo un recurso retórico para que se entienda la opción no neutral, sino radical y moral contra todo mal, el mayor y el menor (y me perdonan tanta rima involuntaria).

En el poema que cantaba Paco Ibáñez, el cantante omitía uno de los versos de Celaya. El que afirmaba que su poesía era “un arma cargada con que te apunto al pecho”. A quienes repudiamos la violencia verbal y física de los que hoy parten en dos a Colombia y se disputan el país con amenazas de destripar a los unos o estallar a los otros, a nosotros, nos apuntan de frente y por detrás: unos al pecho y otros a la espalda. Pues bueno, si uno toma partido por la verdad y contra la violencia (verbal y física) de unos y de otros, nos pueden llamar escudos, si quieren, pero nunca neutrales. La poesía tiene sentido porque defiende la verdad y pone el pecho y la espalda a los que apuntan desde las dos trincheras.

Voto en blanco aunque, como dijo Ramón y Cajal, “nunca sabemos, cuando actuamos, si hacemos bien o mal”.

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Patricia Melo(19278)Hace 52 minutos
En términos prácticos un voto más para Abelardo, qué tristeza, en estos momentos de lo que se trata es de salvar el país de la barbarie.
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