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Discurso de Nicolas Sarkozy

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Hernán González Rodríguez
04 de diciembre de 2008 - 08:58 p. m.
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El presidente de Francia, señor Sarkozy, pronunció un discurso tan trascendental como extenso hace poco en Toulon. Su hermosísima esposa, Carla Bruni, debe haber estado muy relegada al olvido durante su elaboración. A continuación apartes tomados del mismo.

La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la Humanidad. Había soñado con una globalización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra. Pero el sueño se ha interrumpido con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos y económicos, la especulación, los riesgos ecológicos, el terrorismo y el agotamiento de los recursos naturales.

Acaba de fallecer determinada idea de la globalización, la que preconizaba la omnipotencia del mercado que no podía ser inalterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública.

Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos. Se ha permitido que los bancos especularan en los mercados en lugar de hacer su trabajo de invertir el ahorro y analizar el riesgo de crédito. Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.

Pero este sistema no es la economía de mercado, no es el capitalismo. La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son los beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios y que beneficia a todos los consumidores.

La crisis actual es la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores fundamentales del capitalismo, que ha traicionado su espíritu. Pero el anticapitalismo y el colectivismo, que tantos desastres provocaron, nada ofrecen en las circunstancias actuales. El reto estriba en salir fortalecidos de esta crisis.

La remuneración de los dirigentes debe estar unida a su responsabilidad. Ellos no pueden ganar cuando todos pierden. Las agencias de calificación de riesgos han presentado grandes fallas y tampoco pueden escapar a la regulación.

La moneda está en el centro de la crisis financiera y de las distorsiones que afectan los intercambios mundiales. Si no somos cuidadosos, las competencias desleales con las tasas de cambio acabarán por engendrar las violentas guerras comerciales que le darán vía libre al peor proteccionismo. Un  productor francés puede elevar su eficiencia hasta donde quiera o pueda. Puede incluso competir con los salarios exiguos de los obreros chinos, pero jamás podrá competir contra o compensar la infravaloración de la moneda china.

Urge renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial, con el fin de crear las herramientas necesarias para la globalización de los intercambios comerciales. No podemos concebir el mundo de mañana con las ideas de ayer.

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