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La jefatura conservadora

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Hernán González Rodríguez
02 de septiembre de 2008 - 02:27 a. m.
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El ex presidente Andrés Pastrana suele insinuarse a sí mismo como el jefe natural del conservatismo. Nada más errado. Porque crece a diario el número de voces que no aceptamos tal sugerencia por numerosas y valederas razones.

Ha figurado Pastrana como un opositor destacado del gobierno del presidente Uribe en casi todo. No parece conveniente, por tanto, enfrentar un gobierno popular con un pastranismo desacreditado en momentos en que el país está rodeado de incertidumbres políticas, económicas, institucionales, sociales y con los países vecinos.

La última manifestación de su injustificada oposición consistió en aliarse con los magistrados samperistas de la Corte Suprema de Justicia para combatir al Presidente.

Recordemos que Pastrana le entregó el país a la guerrilla. Bogotá y 300 municipios del país estaban sitiados por las Farc a tal punto que, el 7 de agosto de 2002, casi desata esta agrupación una gran catástrofe durante la posesión de Álvaro Uribe Vélez. 

Reconocemos que Pastrana sí comenzó a rearmar el Ejército. Pero una cosa es comenzar a rearmar y otra rearmar a cabalidad. La realidad: apenas sí medio inició. Ni siquiera hoy hemos logrado concluir. Recordemos que él poco o nada se preocupó porque hicieran presencia al menos nuestras Fuerzas Armadas, supuestamente fortalecidas, en los casi 300 municipios que pervivían indefensos cercados por las Farc. 

Recordemos que la economía colombiana se encontraba en cuidados intensivos desde finales del gobierno de Ernesto Samper y que muy poco, casi nada, había mejorado Pastrana o se había reformado durante su mandato para superar tal crisis.

Otra razón de peso la aducen quienes afirman que al conservatismo no le convienen las jefaturas únicas, las cuales desataron las luchas estériles que presenciamos durante medio siglo entre el ospinismo y el laureanismo.  Que en este momento se estiman más convenientes los directorios integrados con personas jóvenes con vitalidad y maduras con experiencia. Tampoco consideramos conveniente cerrar filas tras personas avejentadas, que se duermen en las reuniones. 

Recordemos que Andrés Pastrana fue presidente porque lo eligió una coalición de conservadores y liberales que consideraban a Horacio Serpa como una pésima alternativa. Su paso por la presidencia y sus actitudes en los años posteriores no le ayudaron a mantener esa popularidad de la cual gozó inicialmente, en parte, gracias a las circunstancias, más que a sus méritos personales.

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