Coincido con quienes recomiendan que nombre pronto el Centro Democrático su candidato para las elecciones de 2018. Sus precandidatos son todos excelentes, no solo para representar el partido el año entrante, sino para los años venideros.
Integro mi modesta lista solo con los señores Rafael Nieto Loaiza, viceministro de Justicia durante el gobierno de Álvaro Uribe, Iván Duque Márquez, destacado senador hoy del Centro Democrático, y Luis Alfredo Ramos Botero, exgobernador de Antioquia, exalcalde de Medellín, expresidente del Senado.
En el momento de escribir esta nota, goza Ramos Botero de libertad condicional y se encuentra a la espera de un fallo de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, tras su injusta detención preventiva, por sus supuestos vínculos con grupos paramilitares, denuncia que presentó un testigo que reconoció posteriormente haber mentido en el proceso contra Ramos. Sin un fallo favorable, no podría Ramos ser candidato a la Presidencia.
Votaría por cualesquiera de los tres mencionados pero, en especial, por Rafael Nieto Loaiza. Me convencieron sus artículos de prensa en el diario El Colombiano y su extraordinaria intervención en la Convención Nacional del Centro Democrático el 6 de mayo pasado.
Mencionó en dicha convención cinco temas que se relacionan con el Acuerdo Final, con las Farc, “respecto de los cuales debemos ir analizando los elementos que hay que corregir en ellos”. Posteriormente, en un artículo publicado en el diario El Colombiano, comenzó a concretar sus ideas.
“Hay que respetar lo pactado con las Farc”, dicen los del equipo negociador de Santos. “Se equivocan”, les responde Nieto Loaiza. No hay ningún motivo para respetar lo pactado, porque: 1. La negociación la hizo una camarilla y en secreto. 2. Perdió el plebiscito. 3. “Enmermeló” sus mayorías en el Congreso y en la Corte para que le avalaran sus trampas para la implementación o desarrollo del Acuerdo. 4. Incumplen lo fundamental, entregar las armas, los niños, los secuestrados y sus bienes, concentrar a sus milicianos, denunciar sus cómplices y las rutas del narcotráfico.
Traicionó Santos la política de seguridad democrática definida como la victoria para forzar a los grupos guerrilleros a negociar seriamente con el Gobierno. Lo malo fue la debilidad de Santos y del equipo gubernamental en aras de conseguir la firma de las Farc.
Algo más, sostiene Nieto Loaiza: 5. Reparar los daños colosales al Congreso, a la Rama Judicial y los pesos y contrapesos de la separación de poderes. 6. Erradicar los cultivos de coca. 7. Impedir quitarles la tierra a los incuestionables propietarios. 8. Protegerles la vida y la integridad física a los desmovilizados de las Farc y hasta los excesivos beneficios judiciales pactados en el Acuerdo. 9 Permitirles participar en política, sí, pero sin ventajas.
Pero lo demás, no. Como sería permitirles vulnerar la democracia y las instituciones, para cogobernar sin sacar un voto, con mayores privilegios que los ciudadanos de bien. “Son la democracia, la Justicia y la propiedad privada las que nos merecen indeclinable respeto”, concluye Nieto Loaiza.