Por las redes sociales me llegó, sin firma, un excelente artículo, del cual reproduzco argumentos fundamentales, acompañados por mis propios argumentos. Felicito a mi desconocido autor por su acertada publicación.
1. SI GANA EL NO, IMPOSIBLE SERÁ RENEGOCIAR DE NUEVO CON LAS FARC. Esto sostiene el negociador Humberto de la Calle. Pero una cosa es no poder y otra bien diferente no querer. Aceptemos en gracia de la discusión que no se puede. Incontables colombianos sospechan que es mejor asumir las incertidumbres del NO que encaminar el país con certeza hacia una dictadura comunista como la de Maduro en Venezuela, resultado de las concesiones imprudentes del Gobierno para las Farc.
2. ¿QUÉ PASARÁ SI GANARE EL SÍ? Pues sencilla y llanamente seríamos el primer país en el mundo en votar Sí en un plebiscito para aprobar una dictadura. Con el triunfo del Sí se autorizaría al Congreso para implementar o desarrollar el Acto Legislativo para la Paz, el cual le confiere a Santos facultades extraordinarias, al tiempo que convierte al Congreso en un cero a la izquierda.
3. “EL ACUERDO FIRMADO ES LO MEJOR QUE SE HA PODIDO FIRMAR”. Mejor, ¿para quién, señor de la Calle? En la Tesis 7 de las 30 Conclusiones que aprobó el Secretariado de la Farc en el Yarí afirman: “El Acuerdo no representa la materialización de nuestras aspiraciones estratégicas como fuerza revolucionaria, tampoco es la claudicación de nuestra fuerza político, militar, guerrillera. No es la revolución por decreto, ni tampoco la rendición. Con el Acuerdo Final no asistimos al fin del conflicto que es inherente al orden social capitalista, sino a la continuidad de nuestra lucha social y de clases”. Y para incontables colombianos resulta ser azaroso.
4. DEJEMOS DE MATARNOS. El 99,9 por ciento de los colombianos no desea matar a nadie. Por el contrario, dejen de matarnos. Quienes nos asesinan son los criminales organizados en empresas que se lucran del delito. Es a estos últimos a los que debemos exigirles que no nos secuestren, ni nos extorsionen, ni nos asesinen, ni nos desplacen.
5. FINALICEMOS LA GUERRA. ¿Cuál guerra? Por acá, lo que hemos padecido son ataques terroristas de grupos delincuenciales. Guerra es una confrontación militar entre estados. Las guerras civiles se presentan cuando existe gran respaldo popular ente dos facciones enfrentadas, con autoridades legítimas de lado y lado. Guerras existen en Siria, Irak, Afganistán, Yemen… pero lo nuestro no pasa de ser crimen y terrorismo que han afectado, en especial, a los menos favorecidos.
¿Están acaso en guerra Francia, Alemania, Noruega o los Estados Unidos? Y todos estos han sufrido severos ataques terroristas; mas no por ello aceptan sentarse a una mesa a negociar su paz, y menos aún a negociar su constitución con los asesinos. Todo lo contrario, los enfrentan, los persiguen, los capturan, los condenan o los dan de baja.
6. ELIJAMOS ENTRE LA PAZ Y LA GUERRA. En Colombia todos anhelamos la paz menos los bandidos, quienes nos exigen el poder total para expandir sus negocios criminales, blindarse ante la justicia internacional y vengarse de sus opositores. No puede haber paz con las exigencias financieras inalcanzables de las Farc al Gobierno y, menos aún hoy, con el narcotráfico legalizado y al servicio de la financiación de su partido político.
7. IMPOSIBLE DERROTAR A LAS FARC. Falso. Estaban derrotadas, refugiadas en Venezuela y Ecuador, escondidas en madrigueras y reducidas a su mínima expresión gracias a la seguridad democrática. Resucitaron y se fortalecieron con la política de mano tendida y apaciguamiento en este Gobierno. El crimen nunca desaparece totalmente. Siempre existirán bandidos. Pero el Estado con sus Fuerzas Armadas, jueces y fiscales los debe reprimir y reducir a su mínima expresión. Este es el logro de una democracia con instituciones. Pero Colombia es el único país del mundo donde se piensa que para derrotar al delito hay que entregarle el poder, perdonarle todos sus crímenes y crearle una Justicia Especial para vengarse de los enemigos.
8. NADIE FIRMA LA PAZ PARA IR A LA CARCEL. Falso. Prueba de ello son las AUC que sí fueron tras las rejas. Igual cosa pasó en Bosnia, en Serbia y en muchos otros casos. Los guerrilleros de la base deberán reinsertarse pronto a la sociedad; pero los cabecillas deberían someterse y pagar unos pocos años de cárcel en una colonia agrícola, de lo contrario serían capturados o dados de baja.