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21 May 2022 - 3:53 a. m.

Se puede

En este momento de euforia, viendo la catarata de elogios y la avalancha de reconocimientos para Rafael Santos Borré y Luis Díaz, podemos ilusionarnos sobre el futuro de una selección que por ahora está fuera de circulación, pero que necesariamente tiene retos más inmediatos que lejanos. Que la Copa América, que las fechas FIFA, que la eliminatoria. En fin, existen metas para cumplir.

Se palpan en el ambiente futbolero dos inquietudes: ¿por qué los jugadores nombrados triunfan en sus equipos y por qué no lo consiguen en la selección? Se podrían construir varias respuestas, y cada una quizá tenga la explicación cierta. Creo que a la primera incógnita le cabe una razón. Juegan en equipos de alto nivel, en los que las exigencias y los compromisos son de alto calibre. Además, el estar rodeados de buenos jugadores casi los obliga a no desentonar. Si es preciso correr, se corre. Si es obligación colaborar en marcación, se hace. Y de paso ellos saben el valor que encierra una camiseta, sea la del Liverpool o la del Eintracht.

Buscar respuestas a por qué no lo aplican en una selección es responsabilizar directamente al o a los técnicos del momento. No encuentro otra explicación. Las palmadas en la espalda no solamente son para Díaz y Borré. Es preciso resaltar los goles (16) de Óscar Estupiñán en Portugal y los de Duván, Muriel, Morelos y Sinisterra. En este aspecto, y es bueno precisarlo, casi todos ellos tuvieron en el proceso anterior, con Queiroz y Rueda, la ocasión de figurar en convocatorias. No sobra recalcar este punto, porque la tan mencionada renovación será, si acaso, en otras líneas del equipo.

Contando con ellos y otras figuras jóvenes y nuevas, bien se conseguirá armar un grupo, diga usted, en total de 25 jugadores.

Ahora bien, el director técnico que aparezca, costoso o barato, debe ser fiel a un plan de juego, explicarlo mejor a los llamados y convencerlos de las bondades de su oferta táctica. Por experiencia sabemos de las presiones externas, provenientes de los dueños de equipos, representantes de jugadores e incluso de los gustos periodísticos. Si el mencionado director comienza a pararles bolas a todos, terminará enredado por querer darles gusto a todos. Debe oír, analizar y, sobre todo, insistir en su idea, después de visualizar cuáles jugadores se acoplan y entienden su idea de juego.

Se puede jugar bien y ganar o jugar mal y ganar. O no ensayar un solo remate al arco contrario, como ocurrió en el Boca-Racing, donde ganó el que acertó desde el punto penal, acción ajena al tiempo reglamentario. Jugar bien se consigue de varias maneras, sin embargo, la única identificación de ese “jugar bien” es cumplir con todas la órdenes en cada línea. Si la defensa juega bien, los volantes cumplen su tarea, y los delanteros, que los tenemos, anotan, se puede decir que se jugó bien y se ganó. Parece sencillo, aunque la realidad diga otra cosa. Se e puede armar una selección con buenos jugadores, que entiendan el valor de las palabras entrega y decisión.

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