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Sacudir

Hernán Peláez Restrepo

02 de abril de 2022 - 09:00 p. m.

Esa es la primera y necesaria acción para tomar con el asunto del fútbol nuestro. No solamente el caso de la eliminación de Colombia, sino en varios aspectos del fútbol de casa. son relativamente claras las causales que llevaron al marginamiento del Mundial de Catar. Después de la salida de José Pékerman, quien pudo llevarnos con una generación de jugadores buenos a dos mundiales, comenzó la confusión en el seno de una Federación cuyos integrantes, carentes de ética y moral, no son propiamente representantes de buenas maneras y gestiones. Se amparan en la corrupción que recorre nuestra geografía en todos los campos.

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Desfilaron dos técnicos que tenían relativos logros en sus hojas de vida: Carlos Queiroz y Reinaldo Rueda, de buenas ejecutorias en clubes. A los dos en sus contratos se les exigía conseguir cupo al Mundial, objetivo que resultó difícil de lograr. Fueron varias las causas: todos los técnicos en la eliminatoria derivan en un camino explicable. Si los jugadores actúan en el exterior de sus países, van ganando en puntaje respecto a quienes juegan en torneos de la casa. Pero no por jugar afuera, a menos que lo hagan en las llamadas ligas de élite, resultan mejores. En ese aspecto, tendríamos a lo sumo cinco jugadores: en Inglaterra, Alemania, Italia, y un poco menos Portugal y España. en esta eliminatoria desfilaron 42 jugadores y fueron pocos quienes resultaron determinantes en sus aportes.

Es decir, tenemos cantidad, pero no van en concordancia con la calidad. Tanto así, que, en pesquisas de hoy, lejos está Luis Díaz y no tan cerca otros tres jugadores. Se sabe que un director técnico debe ante todo ser un hombre de fútbol, que le guste y lo deguste, capaz de convencer a los jugadores con argumentos sólidos del por qué los llama. Tener tacto y malicia para armonizar tan diversos estilos de comportamiento y transmitir confianza hacia ellos. Saber que los métodos de entrenamiento y concentración son bien distintos a lo que hacen en un equipo habitualmente.

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Las pérdidas económicas serán altas para patrocinadores, jugadores, medios de comunicación… menos para los dirigentes, dispuestos a intercambiar favores por dineros, a especular y sacar provecho en juegos amistosos, boletería y avizorar cualquier opción para cumplir con aquello del “cómo voy yo ahí”. Ellos no pierden. Los jugadores sí, porque varios no irán a un Mundial, que se supone es la máxima aspiración de un futbolista serio y profesional.

Cualquier técnico que consiga la Federación debe estar bien enterado a dónde llega, con quién llega y, antes de firmar un compromiso, plantear sus condiciones, sin ataduras a caprichos dirigenciales, a no ser que resulte un técnico de estómago, que muchos hay. A esos, con cobrar les resulta suficiente, dejándose mangonear y manejar. Sin importar si es nacional o extranjero, quien aparezca debe ofrecer una respetabilidad bien ganada y estar blindado contra las presiones de dueños de equipos, para las convocatorias.

Uno quisiera aplicar aquello de borrón y cuenta nueva. No se puede porque los Jesurún y los González no soltarán la teta que tanto beneficio particular les trae. Ojalá al menos tuvieran la decencia y delicadeza de trabajar para el fútbol mismo. Eso no lo harán, porque sus mentes están más en el sector financiero que en el futuro inmediato del fútbol colombiano, que marcha manga por hombro.

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