Una vieja canción de la Billos decía: “Yo quiero ser como Ariel”. En fútbol muchos jugadores y equipos quisieran ser como los grandes de hoy. Es saludable copiar lo bueno, y en el asunto del fútbol mucho mejor. Viendo la catarata de partidos que hoy a cualquier hora y en cualquier lugar del mundo se encuentran, podría elaborarse un catálogo de hechos para copiar o imitar.
Superando el entorno y la fama que rodea a jugadores como Arturo Vidal, el chileno, y Felipe Melo de Carvalho, es preciso reconocer en ellos el espíritu combativo, superando quizá sus propias limitaciones técnicas y saberlas compensar con entrega, ganas de ganar o al menos de no perder. Sé que se exceden en revoluciones, pegan, pelean con rivales, discuten con árbitros, pero contagian a sus compañeros, muchos de ellos propensos a depresiones, por las circunstancias del juego en sí. Más Vidal que Melo tienen resistencia por actos de altanería y casi grotescos. En los partidos son personajes que influyen, por ser portadores del virus del fútbol.
Otro ejemplo es el de Luka Modric, quien con edad se entrega al compromiso sin eludir responsabilidades. Armador de juego, solidario con los compañeros, está en y para el gol. Es un gran ejemplo.
Y en eso casi toda Suramérica está lejana en el tiempo. No hablo de la organización ni los torrentes de recursos económicos y mucho menos de las cifras que ganan unos y otros. Me refiero a la seriedad y profesionalismo de los practicantes del fútbol. Son disciplinados, aunque nunca faltan lunares, muchas veces con suramericanos de protagonistas. Corren, trabajan, unos brillan más que otros y el mejor ejemplo lo ofrecen quienes están en la Premier inglesa. Pocas simulaciones, escasa pérdida de tiempo, respeto a los jueces en sus aciertos y equivocaciones, cumplidos con horarios y gestos de caballerosidad, vistos cuando terminado un partido, casi por obligación o costumbre los técnicos se saludan, dando así cierre a un espectáculo. A veces resulta muy bueno y a veces no tanto. Sin embargo, ninguno de los actores esquiva su papel protagónico.
Se dan casos de equipos que van goleando al adversario y no implementan juego gracioso, sino que sostienen la intención de ganar por más goles, pues al fin y al cabo esa es la esencia del juego. Después habrá tiempo para explicaciones y disculpas, ante todo de los técnicos, mientras los aficionados salen plenos, porque la garganta está reseca de tanto festejar.
Cada día entiendo más por qué a los jugadores colombianos en Europa los potencian o ayudan a crecer. En una época, Faustino Asprilla dio a conocer al Parma y celebramos sus momentos de gloria. Después quienes lucieron la camiseta del Porto y en el presente todos queremos estar próximos a las ejecutorias del Liverpool, por Luis Díaz. Allá les enseñan comportamiento, los disciplinan y aprovechan sus condiciones técnicas. Quizá cuando vienen a nuestro medio sienten algo de frustración, puesto que extrañan el ambiente casi familiar que los rodea. Ejemplos hay muchos, la cuestión es copiarlos, pero bien, no a la guachapanda.