Existen en el fútbol varias clases o versiones, según sea el gusto, del fútbol-resultado, que impera sobre todo en nuestro medio y en Suramérica, que es aquel donde sólo vale ganar, importa poco si se juega con orden o atropelladamente.
Se aplauden la dinámica, la velocidad y la entrega si sirven para ganar. Los jugadores con talento, aparte de resultar sometidos a sistemas defensivos, generalmente son observados de reojo.
Ejemplos hay varios y tomados de los cuartos de final de la Copa Libertadores: Estudiantes de La Plata, Defensor de Montevideo, Caracas, Nacional y Palmeiras cuentan con uno o dos jugadores que marcan diferencia. Por eso, en ausencia de La Brujita Verón, Estudiantes es bien distinto. Lo mismo pasa con Marchant, en Defensor; Rey y Figueroa, en Caracas; Arismendi y Matute Morales, en Nacional; Keirrison, Marcao y Marcos, en Palmeiras; Ceni, Dagoberto, en Sao Paulo. Son futbolistas que pesan y determinan el comportamiento del grupo.
Hay equipos que juegan mucho mejor en conjunto, como Gremio y Cruzeiro. El estilo es propio y sus integrantes están comprometidos en la causa. Esto no quiere decir que vayan a ser los finalistas, porque quizás con otros factores puedan ganar los arriba mencionados. La raza, como dicen en Brasil; la garra uruguaya y la furia paraguaya, por utilizar términos populares en la identificación de la personalidad de los equipos, pesarán a la hora de las definiciones.
Todo esto se sintetiza en un viejo mandamiento del fútbol: juntando buenos jugadores, los que tienen fundamento, técnica, los que saben leer un partido y se echan al hombro el grupo, porque es más fácil ganar jugando bien y con inteligencia que ganar jugando mal. Por eso el fútbol genuino, el bien jugado, tuvo esta semana en Barcelona su mejor representante, porque tiene jugadores desequilibrantes, porque son solidarios dentro del campo, porque se juntan a la hora de atacar, porque nadie se siente más que otro y si se trata de correr y de luchar, también saben hacerlo. Ese detalle es clave buscando explicaciones en el momento actual del fútbol colombiano. No se ve solidaridad dentro del campo. Cada quien intenta salvar el contrato y ni hablar de las argucias para engañar y protestar.
En conclusión, si no se tienen buenos jugadores, resulta difícil conseguir títulos. Por supuesto que tampoco se piden once jugadores buenos. La mezcla es la clave del éxito. Quizás con tres o máximo cuatro jugadores talentosos, se puede organizar un equipo con aspiraciones. Si eso es válido, ¿cuántos equipos colombianos cumplen en el momento con la mezcla?