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Pasa en cualquier lugar de este mundo, que la Liga de Campeones de Europa o simplemente la Champions, cuando regresa con sus partidos y estrellas, concita el interés por ver fútbol de élite y, de paso, mantener viva la llama y la pasión por ese rodar de un balón. Es asistir a distancia a una fiesta de ricos, que a la larga permite examinar el fútbol de nuestra casa.
Es evidente que nadie se llama a engaño. La proporción no se pierde, pues todos sabemos la abismal diferencia de recursos económicos y disfrutamos del fútbol casero, con todas sus limitaciones, aunque existe siempre la tentación de realizar comparaciones.
Concretamente hablando del seguidor de pantalla o aficionado de sofá, cada vez con mayor presencia, nada como disfrutar o alegrarse con la velocidad de Mbappé o Cristiano, las genialidades de Messi o las teatrales caídas de Neymar. De paso, apreciar cómo los jugadores de África ganan espacio y contribuyen a esta torre de babel futbolística, porque así como contamos con jugadores colombianos en Moldavia, Andorra, Chipre y otros lugares, también nos congratulamos con los goles de Duván o los movimientos de Cuadrado para superar líneas defensivas.
Estos detalles solo los enumero para concluir que el gran motor del fútbol universal resulta ser la Liga de Campeones de Europa, además por los ejemplos que ofrece en cuanto a organización, cumplimiento de horarios, ejercicios arbitrales y profesionalismo absoluto de sus intérpretes, así se den excepciones de comportamiento en algunos jugadores. Y ni hablar del anhelo de muchos jóvenes de arrimar algún día a ese estupendo escenario.
Los pelados que descalzos están en las playas de Brasil o del Pacífico colombiano, detrás de un balón, saben que la meta está allá, donde esperan ser elegidos por la fortuna y la suerte. Sin ignorar lo que vemos y vivimos en nuestros estadios, los equipos colombianos deben hacer esfuerzos, a sabiendas de las difíciles circunstancias de billete, para incrustar al menos dos figuras en cada equipo. Figuras que marquen diferencia, como es el caso de Dorlan Pabón, quien con la experiencia enorme obtenida en el exterior le da a Nacional un plus. Sé que la mayoría de técnicos deben recurrir por necesidad a las divisiones menores, a los jóvenes, cuyos costos resultan relativamente bajos y, de paso, los equipos albergan la esperanza de una transferencia al exterior. Recuerdo que en un tiempo se recurría a una frase para justificar la traída de una figura: “Es necesario mover el torniquete”; es decir, llevar gente al estadio, fuera aficionado de alma o espectador de razón. Por eso el Júnior algún día resolvió contar con el peruano Julio César Uribe para mover el torniquete. Con los días veremos si los equipos colombianos pueden mejorar el espectáculo y aupar la pasión por el fútbol. Por ahora, la Liga de Campeones es un regalo y un motor a la vez.
