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Dos fiestas grandes hay en el fútbol colombiano, una que se disfruta y otra, con el comienzo de los cuadrangulares semifinales. La primera, merecida y anhelada desde tiempo atrás por la parcialidad de Santa Fe.
Ya pasaron 34 años —toda una generación— desde la última estrella en el torneo nacional, con aquel recordado equipo de los Pandolfi, Sarnari, Cañón, y 20 años desde la última alegría en la Copa Colombia. Este evento ha sufrido interrupciones, aunque finalmente parece, queda con cuerpo y músculo para continuar albergando a todos los equipos afiliados a la Dimayor. Afortunadamente tiene un precio real y específico. Y no hablar de la salud económica que brindaba en el último tramo. Santa Fe, para seguir con el campeón, no contaba con el taquillazo del juego final en su presupuesto.
Los hinchas rojos, en su gran mayoría población joven, se dieron el gusto de celebrar. No así los jugadores o el plantel, quienes son conscientes de responder con jerarquía a las finales que también encierran premios a Copa Libertadores y los honores. Muchos lectores se quejan del bombo dado al título santafereño. No se podía esperar cosa diferente, puesto que el último ganador había sido La Equidad, un joven equipo que apenas comienza a reclutar seguidores y cuyos éxitos se celebran entre casa. De ahí la justificación a los cantos, serpentinas, vítores para una familia, como la cardenal, urgida de conocer logros.
Me pareció muy puesto en razón el técnico Basílico González, persona del riñón santafereño, quien dedicó el triunfo a su predecesor, Bolillo Gómez, reconociendo que algún detalle trabajó. También para Ómar Pérez, un jugador reconocido en sus gestos técnicos desde su arribo al Júnior de Barranquilla y quien fue determinante en la victoria, puesto que marca diferencia, como se espera de jugadores talentosos como él. Y ni hablar de Agustín Julio, quien aportó su experiencia y serenidad para garantizar la conquista.
Santa Fe, además, da la oportunidad a jugadores de su casa, de quienes vienen en divisiones menores escalando y mostrando condiciones. Eso de hecho es para aplaudir, porque quien tiene recursos y dinero en abundancia, bien puede confeccionar un equipo, pero quien carece de ellos, debe hurgar nuevos valores y Santa Fe lo viene haciendo hace rato.
Pasando a otro asunto importante, la Fifa tiene entre manos el caso de la eliminación de Irlanda. El juez central ni vio ni consultó, y no entendió el reclamo airado y justo de todo el plantel irlandés, eliminado del Mundial por un gesto del francés Henry. Su mano fue descarada y premeditada, como él mismo lo reconoció. El juego por supuesto no se repite y el reglamento así lo admite.
