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Hernán Peláez Restrepo
20 de diciembre de 2008 - 03:33 a. m.
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Esta final entre América y Medellín dispone de una curiosidad: ambos equipos, pase lo que pase o gane quien gane, tienen premio, la Copa Libertadores. El que se quede con la estrella va directo y el perdedor, por la vía de la reclasificación, también ingresará, con más escollo.

Lo anterior, en el fondo, alivia la presión en ambos equipos para el juego definitivo. Veo a América muy cerca de su estrella trece, porque superó al DIM en casa. Supo esperarlo en el primer tiempo, sin desgastarse en ataque, tanto así que ni una sola vez arrimó peligro a Bobadilla. En el segundo tiempo, desde el mismo arranque, se notó la intención de acelerar el juego, comenzando por Paulo César Arango, de juego desteñido en la inicial, pero con inteligencia para abrir el campo de juego por la derecha.

América llegó dos veces. El gol conseguido por Víctor Cortés y una opción clara y desperdiciada por Adrián Ramos y pare de contar y entre a celebrar.

Medellín quedó con la bronca de dos remates en los postes y la tenacidad para ganar, pero la oscuridad latente en sus volantes para superar los bloques defensivos y el aislamiento en que resultaron sus delanteros de punta. Como dice el dicho, más sabe el diablo por viejo que por diablo y América esta tarde, al comenzar el juego, estará jugando con más opciones que el DIM, pues a éste sólo le sirve ganar. Si lo hace por 1-0 van al punto penalti. Si lo consigue con mayor diferencia, será el campeón, aunque América con el empate es dueño de los honores.

Este punto es interesante, porque el conformismo, si es que América sale a empatar, es peligroso. Cuando un equipo escoge, por razones respetables y atendiendo sugerencia del técnico, la vía de la espera para ir construyendo el empate, casi siempre termina perdiendo. Por eso, la confianza en el plantel es una cosa y la otra confianza, aquella de que ya gane sin jugar, es bordear el suicidio futbolístico. Como el DIM puede disponer de todo el plantel, Ómar Pérez y Juan Carlos Quintero, podría aprovechar con sus pases en profundidad a Diego Álvarez.

Sea lo que sea, América está más cerca y el DIM cuenta con la esperanza. De allí que esta final, con premios anticipados para ambos, encierra la posibilidad de observar un juego de categoría y técnica a diferencia del primero visto en Medellín. Los equipos están tranquilos, no hay drama y el premio será para el más oportunista ,como ya se apreció.

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