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Más que ver los partidos, me quedó una sensación extraña: no hubo realmente dramatismo, pues los equipos involucrados en la pelea parecieron resignados y excesivamente pasivos en su juego, en lo que requerían jugar para seguir.
Que el Tolima y el Medellín hayan perdido no tuvo ninguna relevancia, pues estaban clasificados y bien puede disculparse cierta displicencia, aunque ambos perdieron por expulsión de jugadores clave para la próxima fecha de semifinales. Arias y Arizala son titulares y pesan evidentemente en la estructura de los equipos.
Santa Fe, como viene ocurriendo desde años atrás, siempre ilusiona y muere en la orilla. Por supuesto que no hubo excusas en la derrota ante el Huila. Equipo sin espíritu de combatividad, entregado con un primer tiempo desastroso, pues solamente llegó al arco después del minuto 42. Nunca entendí si quería defenderse a ultranza para sacar un empate o después del primer gol y por física terronera se entregó. Los delanteros Yanes y Nazarit fueron de paseo a Neiva y el medio campo no entendió cómo debía jugar. Hasta Agustín Julio se vio mal, y del entusiasmo aplaudido otras veces en sus laterales quedó sólo el recuerdo. Pero no podía haber jugado peor Santa Fe. Parecía que no sabía ni a qué quería jugar, porque muchas veces se juega mal y se consigue un puntico. Pero jugando tan mal es imposible pensar en milagros. Casi con franciscano gesto, Santa Fe fue eliminado, porque no tuvo ideas y tampoco ganas. Y eso sí es grave.
El Cali no esperaba tal cantidad de hinchas acompañándolo y menos ver cómo lució su estadio. Había fiesta, motivación y el equipo buscó, intentó, pero al frente se encontró con un equipo bien organizado, con argumentos claros para conseguir un objetivo. Y lo logró sin sobresaltos ni desespero, y gracias a La Equidad, en Bogotá se podrán disfrutar los momentos finales del campeonato.
Si Millonarios en debacle económica y deportiva dispone de luces para resurgir. Santa Fe, con menos lastres, tendrá que cambiar por lo menos el 50% de esta nómina donde ya hay jugadores como Seijas, Quintero y el mismo Julio con ganas de cambiar de aires.
Júnior en su casa siempre garantizó puntos y su victoria ante el Envigado no fue la excepción. Los cuatro que llegaron, Tolima, DIM, Equidad y Júnior, lo hicieron por regularidad, los dos primeros, y por deseos, ímpetu y ganas los dos últimos.
Creí que bien podía utilizarse una frase: “Vendieron cara su derrota” o “murieron con las botas puestas”. No hubo tal, al menos en el caso santafereño. El Cali combatió sin lograr su objetivo. El drama se quedó en la tinta. No apareció la angustia. Todo fue tan normal como si hubiese sido la primera fecha del torneo.
