Publicidad
15 May 2022 - 2:00 a. m.

Sentido común

El sentido común es el menos común de los sentidos. Un juego de palabras, que encierra una verdad irrefutable. El fútbol cambia de lenguaje, evoluciona en los métodos de entrenamiento y en los sistemas de juego, pero lo que no varía es el talento.

Hace tiempo, don Jorge Orth, estupendo jugador y mejor entrenador húngaro —quien condujo a la selección del Valle, aquella de Maravilla Gamboa y Marino Klinger—, dejó esta reflexión, vigente aún: “El talento es el que manda. Habilidad sin fuerza no sirve, fuerza sin habilidad tampoco, fuerza y habilidad juntas, pero sin talento, tampoco. Talento con un poco de fuerza y habilidad sí. Ideas para llegar a zona de gol por sitios destapados son siempre la clave del fútbol. No importa si por el medio o los costados, sino por donde esté abierto el camino. Si no hay talento para ver ese camino, no hay habilidad, fuerza ni táctica que valgan”.

Menciono este concepto en vista de la tendencia en nuestro fútbol a jugar al cero. Ganando uno a cero o perdiendo por la mínima diferencia. Y aquí es bueno pensar por qué los dirigentes o dueños de equipos consideran que contratar a un técnico costoso o de nombre es suficiente garantía de éxito. En primer lugar, los técnicos no juegan ni marcan goles. Ellos diseñan un plan de juego, escogen a los jugadores de su plantel más capaces de entender el mismo juego y pare de contar. Claro que hacen cambios para mejorar el funcionamiento del grupo o cuando quieren asegurar un resultado, reforzando sectores defensivos.

Un técnico de primer nivel llega a potenciar a un grupo de futbolistas, suponiendo que técnicamente están dotados y preparados. Es apenas obvio que recurrirán a la repetición de determinadas jugadas, como pueden ser tiros con pelota detenida, plan de cobertura en laterales, presión a zonas del adversario... Esto lo digo porque los técnicos resultaron y resultan más importantes que los mismos jugadores en los dos equipos de Cali.

Se admite que Envigado y Cortuluá son equipos diseñados para promover jugadores y buscar las transferencias, sean locales o para el exterior, a sus mejores prospectos. Hay otros equipos con obligaciones diferentes y por eso me llama la atención ver cómo el Once Caldas, por ejemplo, prioriza la venta de sus valores: Carbonero a Argentina y Estupiñán a Portugal.

En síntesis, los directores técnicos se vuelven costosos por una sola razón: duran hasta que comienzan a perder y entonces aprenden a firmar convenios blindados y cláusulas especiales para la liquidación. Ojalá los directivos de equipos, antes de buscar técnicos de nombre, sean capaces de confeccionar nóminas de mejor nivel. Ni unos tan caros ni otros tan baratos. Equilibrio y sentido común es lo exigido.

Recibe alertas desde Google News