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Para acallar las protestas de los aficionados, basadas en hechos reales, todos, comenzando por el comité ejecutivo de la Federación de Fútbol, buscan orientar todas las culpas hacia Reinaldo Rueda. Quizás hasta tengan razón, por el esquema timorato exhibido en el juego contra Argentina. Sin embargo, es palpable que para ellos curarse en salud es lo más importante. Y no es así. Los errores son compartidos por las tres partes, para hacer justicia deportiva.
Es cierto y verdad de a puño que la gran responsabilidad en la convocatoria de jugadores es, en primer lugar, de Rueda. Él elige a quienes quiera y considerando las condiciones técnicas de cada uno, para responder a su pensamiento táctico y su gusto por determinado estilo. El ejemplo más diciente, para demostrar su independencia, fue la explicación ofrecida por él cuando se insinuó el nombre de Teo Gutiérrez, a quien le reconoció desempeño y categoría... nada más.
En ese sentido y sin dar gusto a presidentes, empresarios, periodismo y hasta a algunos jugadores, como Hugo Rodallega, quien reclamó por su ausencia en la lista, Rueda procedió en consonancia con su pensamiento. Entonces queda claro que las observaciones y críticas, después de lo visto en la selección, tienen fundamento para anotar que hubo muchas equivocaciones en la conformación de listas, microciclos o como quiera llamarse.
Él mejor que nadie debe ya tener presentes a quienes seguirá ofreciéndoles oportunidades de juego. Porque acá quiero ser claro: el único que debe decidir su futuro es él mismo. O tal vez quienes lo contrataron lo convenzan de dar un paso al costado. Eso de nada serviría, porque los seis puntos los debe conseguir y si no, de todas formas, su ciclo está próximo a terminar.
Rueda, al igual que cualquier técnico en el mundo del fútbol, sabe que los contratan para ese oficio porque son buenos, preparados y estudiados, y los sacan o los echan por malos resultados, que hoy en día van a la calculadora y se conoce el rendimiento, representado en un porcentaje irrebatible. Obtener menos del 50 % es suficiente para dejar sin puesto a un técnico.
La dirigencia, encabezada por Ramón Jesurún, no puede ni debe escurrir el bulto y llamar a un emergente para atender los juegos con Bolivia y Venezuela, como un mecanismo para dar contentillo a los aficionados. Es seguro que más de un “técnico de estómago” se ofrecería y prometería el milagro de ir al repechaje.
Esa misma dirigencia ha guardado silencio después de todos los comentarios, basados en realidad o ficción, que obligaron a la salida de Carlos Queiroz por la puerta de atrás. Ni un comunicado salió de ellos y menos algunos jugadores señalados de haber “cajoneado” al portugués.
Dar un timonazo en la selección a dos fechas del final es ir en busca de milagros y, de paso, desviar la atención, cargando todas las tintas en Reinaldo Rueda como el gran culpable, pero Jesurún y compañía, además de varios jugadores, están en este sancocho de responsabilidades. Son todos ellos partícipes de la debacle.
