Más que una felicitación por el título de la Superliga, conseguido esta semana contra Cali, es de justicia verificar el camino de un equipo llamado grande y con todos los adjetivos que ello conlleva. Nació en épocas difíciles, cuando el identificado como El Dorado en nuestro fútbol fenecía. La gran aventura comenzó en 1955 y, después de 67 años, el Deportes Tolima ha realizado una tarea encomiable. De momentos de angustia, como cuando un dirigente, el doctor Guzmán Molina, puso el hombro, el bolsillo y apeló al amor por la divisa vinotinto y oro. En 1979 llegó Gabriel Camargo y fue a partir de 1981 cuando el Tolima dejó de ser el Tolimita, una identificación entre compasiva y burlesca, puesto que se ubicaba generalmente en los últimos puestos de los torneos.
En la década del 80 ganó su primer subtítulo y se asomó a la Copa Libertadores de América. Enseguida transitó por los más diversos caminos, de alegría unos y de tristeza otros, como la caída a la Primera B, pero sin abandonar su estilo, que hoy luce pulido, lustroso y, en los últimos diez años, protagonista de cuantas competencias, ligas y copas, se le presentan.
El equipo de hoy, con su estratega Hernán Torres, que fue arquero del mismo Tolima y ganador de títulos con otros equipos, luce para nuestro medio como el mejor del momento. Dispone de una nómina extensa, sin grandes figuras, aunque capaz de rotaciones enormes porque todos sus integrantes saben a qué y cómo jugar. Un par de ejemplos serían suficientes, delante de rivales con nombres y carencias en sus planteles. Los de los volantes de creación y manejo, Cataño, Orozco e Ibargüen, sin olvidar el grupo de primera línea, Ríos, Trujillo, Ureña y Rovira. Así, en todos los puestos, se asienta el gran potencial del equipo.
Deben existir variadas explicaciones para sus logros. Diría que la armonía del grupo y, ante todo, las ganas de ganar, con la certeza de que todo el plantel está identificado con la meta de superación constante.
Llamamos Tolima Grande, por cercanía, a los departamentos de Tolima y Huila. Sabrán disculpar los opitas, pero en el asunto del fútbol colombiano, Deportes Tolima es el grande.
Un aparte: recordando lo ocurrido con Millonarios, que jugó a plenitud y brillantez por 18 minutos, hasta la expulsión de Sosa, quería contarles de una declaración a la Cadena SER en España, del técnico Quique Sánchez Flórez, del Getafe, quien tiene en sus filas cuatro uruguayos y un argentino. Al preguntársele cuál era la diferencia entre los jugadores suramericanos de su equipo con los españoles, dijo: “Portugal es el Uruguay de Europa, pero los de Suramérica tienen huevos, amor propio y juegan con intensidad”. Perdón por la expresión si a algún lector se mortifica. Es la verdad, porque la gran mayoría de nuestros jugadores cuando reciben un gol en contra no es que se echen con las petacas, sino que se entristecen, se esconden, se desaniman y bajan los brazos. Tiempos aquellos, cuando el Pibe Valderrama y Fredy Rincón se ponían bravos , braveros y salían a recuperar anímicamente al grupo.
Por ello me mortificó ver al capitán de Millos, Silva, consolando al expulsado, cuando lo práctico era juntarse con los nueve que quedaron en terreno y pensar en el modo de contrarrestar la reacción, que sabía iba a exhibir Fluminense.