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Las últimas encuestas muestran que casi la mitad de los electores no han decidido cómo votar en las consultas de este domingo. La confusión es comprensible. El sistema electoral colombiano se volvió un enredo de coaliciones improvisadas, partidos débiles y campañas centradas en la personalidad de los candidatos.
Pero que el sistema sea caótico no significa que podamos decidir a la ligera. La Presidencia no es un concurso de popularidad: es el oficio más difícil que existe en este país. Por eso hay que pensar en la persona más adecuada para el cargo.
Propongo cuatro criterios para escoger a esa persona. Primero, capacidad para entender y manejar problemas tan complejos como la crisis fiscal, la inseguridad, la transición energética o los conflictos sociales. Segundo, experiencia administrativa. Tercero, capacidad de unificar, porque la polarización nos está desbaratando. Y cuarto, posibilidad real de ganar, porque en política también cuenta la aritmética.
Si se mira con estos criterios a los cuatro candidatos opcionados para ganar las consultas de este 8 de marzo, las diferencias son bastante claras.
—Roy Barreras es médico de la Universidad Nacional y congresista experimentado. La medicina forma una mentalidad diagnóstica: observar síntomas y actuar bajo presión. Pero Roy no tiene experiencia administrativa y su gobierno sería el de la clase política.
—Daniel Quintero es ingeniero electrónico de la Universidad de Antioquia y tiene un máster en Boston University. La ingeniería enseña a optimizar sistemas y a manejar las redes sociales. Pero su alcaldía en Medellín fue un rosario de escándalos.
—Paloma Valencia es abogada de los Andes, con una maestría en Escritura Creativa en Nueva York. Su fuerza es la convicción ideológica y el apoyo del expresidente Uribe. Su riesgo es convertir cada problema en una batalla doctrinaria y volver a excluir a los sectores populares que emergieron con este gobierno.
—Claudia López viene de abajo, pero estudió Finanzas y Relaciones Internacionales en el Externado, tiene una maestría en Administración Pública en Columbia y un PhD en Ciencia Política de Northwestern University. Un doctorado no es un curso ni un diplomado: es una formación de varios años dedicada a la investigación y a comprender sistemas complejos. Además, es —junto con Quintero— la única con experiencia administrativa como alcaldesa de Bogotá, donde mostró capacidad de gerencia en el difícil momento de la pandemia.
Y me falta el elemento principal. Claudia López es una progresista institucionalista. Quiere cambios sociales, pero dentro de las reglas. No propone destruir el Estado ni volver al pasado. Propone algo más difícil: reformar el país sin romperlo. En una Colombia atrapada entre el petrismo y el uribismo, esa puede ser la única ruta que tiene sentido.
Si a usted le preocupa Cepeda, López es el dique más eficaz porque ofrece soluciones reales y no apenas consignas. Si le preocupa de la Espriella, Claudia es el dique más eficaz porque defiende el orden democrático sin nostalgia autoritaria.
En momentos de confusión conviene recordar lo esencial. Votar no es elegir una personalidad: es contratar a alguien para hacer un trabajo. Y gobernar Colombia es uno de los trabajos más difíciles que existen.
* Director de Razón Pública.
